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Vailima

por diariodeunpasado @ Sábado, 19. Abr, 2008 - 09:14:35
(Imagen tomada de "pequeños pasos para futura guionista")

Así pienso, así deseo, así Siento.





También pudiera ser
que huyéramos hacia el azul
con rumbo a un atolón
perdido en los mares del sur,
y allí te construiría
con corales y bambú,
una cabaña bajo
un silencioso alud
de blanca luz.

Veríamos junto a las olas
a Daniel Defoe,
bebiendo con John Silver
un barril de viejo ron,
a Robert Louis Stevenson
con una leve tos,
jugándose a Maureen O'hara
al dominó
con Robinson.

Y el tesoro de la isla
yace bajo algunas rimas,
en la cumbre prohibida
de Vaea, en Vailima.

Baroja y Joseph Conrad
raptarían a Melville
para ponerlo a salvo,
de la airada Moby Dick;
con Shanti Andía, bailaría
un tamouré Lord Jim,
cantado por Jacques Brel
desde su Plat Pays
en Tahití.

Del brazo irían Garfio
y Don Ramón del Valle-Inclán,
colgados de una nube
del Mar de Nunca jamás,
y el feo Bradomín,
católico y sentimental,
daría sus dos brazos
por poder volar
con Peter Pan.

Y el tesoro de la isla
yace bajo algunas rimas,
en la cumbre prohibida
de Vaea, en Vailima.

En la familia Robinson
habría un niño más,
el Pequeño Salvaje
que soñara Marryat;
perdido entre una flor
y una vahiné de Paul Gauguin,
Jonathan Wyss escribiría
con champán:
Felicidad.

En la taberna de Colón
sería carnaval,
Salgari se disfrazaría
de Cápitan Grant,
de carabela, Verne,
de Jack London, Sandokán,
de Yvonne de Carlo, tú,
yo, de lobo de Mar,
o de Simbad.

Y el tesoro de la isla
yace bajo algunas rimas,
en la cumbre prohibida
de Vaea, en Vailima.

(Luis Eduardo Aute - "Vailima")

(¡Toda vana restricción dejada atrás,
frágil barca!
Libero mi anclada mente y, con viento a la cuadra,
antes de que huya el favorable de la costa,
un nuevo Colón,
que se ha jurado encontrar
la tierra del alba.)

R. L. Stevenson


 
 

Su Obra Más Maravillosa

por diariodeunpasado @ Miércoles, 09. Abr, 2008 - 20:25:46


Recuerda su madre cuando lo llevaba de la manita por el real de la Feria. Tres añitos que tenía y ya parecía todo un hombrecito vestido flamenco, con sus botos camperos, pantalón negro a media pierna y chaquetilla corta, fajín verde (porque él decía que era “der Betis”) y sombrero de ala ancha.

Orgullosa que iba ella de lucir a semejante tesoro, su obra más maravillosa y majestuosa creada.

Y así, de su mano y annegada de satisfacción, paseaban por el Real. Albero apisonado y recién regado, farolillos blanco, farolillos rojos, farolillos vedes… y una gitana que se les acercaba para ofrecerles un ramillete de romero, que da buena suerte. Que no le dijo rechazando el ofrecimiento, que no era ella creedora de esas cosas.

El no soltaba la mano de su madre, advertido como estaba de que si se soltaba podía perderse.  Y perderse en la Feria de Sevilla podía convertirse en una tragedia, tanto es el bullicio que hay.
Aunque su ilusión primordial de niño era adentrarse en la Calle del Infierno, el manojo de globos atados a una cuerda que se elevaba hacia el infinito llamó su atención.

- Quiero uno mami – soltó con su aún media voz.

Y su madre le compro el globo más grande, el más vistoso, el más alto, un corazón con el dibujo brillante de la Dama y el Vagabundo. Y atado a su bracito, él soltaba cuerda para hacerlo llegar al cielo.

- Alto, alto, mami, que lo vean los angelitos.

Ella apretaba su mano mientras con la otra le señalaba el puesto de algodón, y sus ojitos se abrían desmesuradamente ante el exquisito colorido de la golosina.

Lo recuerda su madre subido en un auto de bomberos de la atracción de feria tocando la campana y saludándola a cada vuelta.
Sonriente a lomos del caballo del Tío Vivo.
Sudoroso saltando incansablemente sobre el Castillo Hinchable.

Suerte pensaba ella que tenía en su vida. Suerte de tenerlo a él. Ojos negros como el carbón, labios carnosos y sobre todo, esa grácil simpatía que despuntaba.

Lo quería. Lo amaba. Nada comparable con aquél amor.

Su manita dio un tirón del vestido de su madre.

- Quiero subirme ahí. – y señalaba la motocicleta del pequeño carrusel.

Su madre lo subió. El volvía a saludarla a cada vuelta con una sonrisa inocente y dulce.

A ella un escalofrío le recorrió la espalda.

Esa noche hizo que durmiera con ella. Y durmieron así, juntos y abrazados mientras ella le contaba el cuento de rigor, un cuento que esa noche trataba de las aventuras de un niño en la Feria.

Despertó de repente cuando los pájaros ya comenzaban su trino. Creyente aún de la jornada anterior en la feria, toco la cama vacía.
No era aún consciente del tiempo transcurrido.
Tanto…
Entonces se hizo la luz en su interior.
Y esa luz le trajo la imagen de su obra más perfecta, convertida en adolescente, a lomos de la motocicleta. Su última imagen.

Todavía a caballo entre el pasado y el presente se colocó la máscara como cada día y se dirigió a la cocina a preparar los desayunos.

Aún había quién necesitaba de ella.

Sevilla. Para Vosotros

por diariodeunpasado @ Domingo, 06. Abr, 2008 - 22:07:14

Estais Invitados a "mi" Feria de Abril.

Hebrea

La Inseguridad De Blanca

por diariodeunpasado @ Martes, 01. Abr, 2008 - 21:50:19

(Oleo "Perdida en la Niebla" - P.Román)


Hoy Blanca está sumida en uno de esos días que la llenan de vacío.
Hoy Blanca está triste.
Y mira que no será porque no esté acostumbrada a ello, ¡que va!, si ya se lo tiene aprendido de memoria, tal y como cuando era pequeña se aprendió de memoria el abecedario, el Padre Nuestro  y la tabla de de multiplicar. No, Blanca no se sorprende de que en su vida aparezcan frecuentemente días así, vacíos, incoloros, insulsos, carentes de ilusiones y de esperanzas, y lo que para ella resulta peor de todo, carentes de confianza en sí misma, porque Blanca, a pesar de encontrarse en plena madurez física y psíquica, de estar “felizmente” casada y tener dos hijos maravillosos, siente que no vale nada, que su persona es incapaz de importar algo a alguien, de que en este mundo pueda haber quien la aprecie.
En definitiva, Blanca se siente una verdadera escoria.

Los días que para Blanca aparecen así siempre vienen provocados por algún que otro acontecimiento. Nada importante, vanalidades, bien que lo sabe ella, tantas y tantas son las veces que le ha pasado, lo mismo que también sabe el daño que le hace y como la destruye.

Hoy en concreto el episodio desencadenante fue un cruce de palabras algo cargado de malsana ironía que tuvo con su marido, algo en fin tan común en la vida que ni siquiera merece ser tenido en cuenta. Pero ella no puede. A ella esas menudencias la desbaratan por dentro completamente, y de ahí a sentirse nada, es un todo.

Y es que Blanca sabe que carece totalmente de autoestima. Lo sabe desde pequeñita, aunque claro está, de pequeñita no era consciente de esa palabra tan grande para ella y de lo que significaba, pero eso no importaba, porque aunque desconociera su definición y significado, ella ya sentía así.

En realidad Blanca es transparente y blanca tal como su nombre, que por cierto bien acertados que estuvieron sus padres al ponérselo. En sus actos no hay maldad porque no existe la maldad en su corazón. No sabe lo que es el rencor, no conoce la envidia y mucho menos la venganza. Llora cuando ve el sufrimiento ajeno y siempre está presta a ayudar al que lo necesita. Blanca es puro amor por dentro y por fuera. Siente que ama y entrega todo ese amor en todos los niveles. Por el contrario Blanca no se siente amada.
Cualquier palabra dirigida a ella sin la más mínima intención la toma como un ataque. Porque Blanca se siente constantemente atacada aún por los que nunca la han atacado. Si hacen alarde de su belleza, inmediatamente ella piensa que se lo dicen hipócritamente, si la besan cree que lo hacen por obligación, y si le dan muestras de cariño ella siente que es por lástima.

Y es que Blanca es muy insegura. Y es tan insegura porque carece de autoestima. Y esa autoestima le fue arrebatada de pequeña vete tú a saber por qué causa y motivo, porque cuando estas cosas ocurren en la infancia, con el paso del tiempo, además de intensificarse, se hacen más difíciles de encontrarles la raíz, y como consecuencia encontrar la solución.

Ella siempre ha tratado de poner remedio, sobre todo últimamente y debido a la etapa que atraviesa en su vida, porque Blanca se da cuenta de que a causa de esa inseguridad ha perdido y se ha perdido muchas cosas en el camino, y sabe que va a perder más, ya sea mucho o poco, en lo que le queda por vivir. Pero también sabe que esa autoestima, y a estas alturas de su vida, nunca la va a conseguir. Y entonces resulta que es como la pescadilla que se muerde la cola.

Y Blanca sufre.

Por eso desea que termine ya el día de hoy y que mañana amanezca distinto, que aunque ella sabe que caminará siempre con esa inseguridad a cuestas, tiene la esperanza que al despertar sea todo distinto. Lo desea.

Pero Blanca sabe que ya siempre será así. Y Blanca se conforma.

Ya se ha acostumbrado a sentirse “no querida”, “no deseada”, “no valorada”, “no admirada”.

Se ha acostumbrado a ser simplemente Blanca.