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Viajar Por El Espacio

por diariodeunpasado @ Sábado, 09. Feb, 2008 - 23:39:36



Despierto de repente y lo primero que reciben mis pupilas al abrirse mis ojos es una explosión de luz blanquecina y limpia que me impide ver el entorno. Los entrecierro y así, poco a poco, la visión se va acostumbrando a este nuevo estado, se hace cómplice del ambiente y los contornos del espacio que me rodean se van dibujando y van tomando forma hasta llegar a una nitidez totalmente clara.

No sé dónde estoy ni cómo he llegado aquí, pero sí sé que mi presente está viviendo en un 9 de Febrero de 2008, que la temperatura a mi alrededor es de 24ºC, la humedad relativa del aire es del 46%, que la velocidad del viento es de 8 km./h y la presión de 1016.3 mb.
El sol ya brilla un poco bajo y el cielo, azul cristalino, está acompañado de nubes desparramadas aquí y allá a unos 3.000 metros de altura.

Una suave brisa con olor a mar revolotea mi pelo, un mar que intuyo distinto al “mío”. En mis labios, impregnados de un ligero sabor salado, queda presa una muda pregunta.
Me siento confundida. Miro a mí alrededor y veo que me encuentro en camino custodiado a ambos lados por el mar. Preciosos yates adormecen en la orilla izquierda. Al frente, un faro enclavado en lo alto de un cerro. Pienso que me encuentro ante “mi Faro” el faro natural con más altura del mundo, el Faro de Gibraltar, que considero mío a pesar de que me lo arrebataron los ingleses, más me detengo a observar detenidamente y compruebo (tal vez con un poco de decepción) que no es el Faro de Gibraltar, pero sí otro que se le asemeja mucho, tanto en altura como en el enclave.
Esto es lo que ven mis ojos:

Camino en dirección a él y aunque con trabajo, consigo llegar a la cima. Ante mí se muestra un mundo de belleza incomparable. Mi espíritu se ensancha y mi corazón late emocionado.

Siento que en este lugar el hombre esta totalmente aleado con la naturaleza y con su belleza, agradecido a ella, y tal vez a modo de mostrarle su agradecimiento forjan con sus manos unas obras que, sin yo saber como ni de qué manera se cuelan en mi mente de manera vertiginosa.

 

Y todavía aún dentro de los recovecos de mis más escondidos sentidos, tengo la certeza de que este lugar cuenta con vestigios de un pasado esplendoroso del que aún quedan vestigios a manera de recuerdos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 




 

 

 


 

 

 


Aturdida regreso sobre mis pasos. Conforme voy realizando el descenso soy consciente de que sol me acompañaba descendiendo también. Lo miro a la cara y lo percibo dorado, ambarino, crepuscular, y soy consciente de que en esos momentos sus rayos bajos juegan con las playas. El me hace verlas aún sin que mis pies hayan tocado su suave y cálida arena. Yo, en mi humilde sinceridad se lo agradezco. A lo lejos se oye el graznar de las gaviotas volando a ras de las aguas.

Yo, en mi humilde sinceridad se lo agradezco. A lo lejos se oye el graznar de las gaviotas volando a ras de las aguas.

Por instantes me siento perdida. No sé hacia dónde ir ni que camino tomar.
Alas de algodón me transportan sin saber de qué manera. Encuentro una
cafetería en la calle Aquiles Sedán, esquina calle 21 de Marzo. Allí me
refresco con una fría copa de leche.

 

Anochece y un embrujo interno me hace salir. Como un imán la ciudad me atrae a lo más profundo de su corazón.
Mis ojos atónitos se recrean con el nombre de sus calles mientras me deslizo por ellas:
Carnaval, Mariano Escobedo, Benito Juárez, Belisario Domínguez, Campana, Leandro Valle… y tantas otras salidas de un pasado que aún palpita.

 

 








Sus callejones me transportan a otro mundo.

Ellas, sus plazuelas, sus Casonas, sus edificios, hacen que me mezcle entre su gente dulce y me alee con ellas.

 

 

 

 

 

 

Me doy de cara con el bello teatro Angela Peralta...

Y disfruto en sus portales de la música de Mozart que me ofrece la Cameratta

Una voz interna, lejana, me hace consciente del momento del regreso, pero no quiero hacerlo sin llevar conmigo algo de ese maravilloso lugar.

 

 

Sé que me alejo y la tristeza de la separación se apodera de mí.
Algo muy profundo me dice que tal vez, tan sólo tal vez, en otra etapa, en otra, vida, en otra dimensión, yo he vivido y he sido parte de ella.
Al meterme en la cama como cada noche, algo en la mesilla atrajo mi atención:

Sin pensármelo un instante lo colgué de mi cuello.

(Mi total agradecimiento a Google Hearth, cuyas alas me llevaron a conocer un lugar que ya siempre formará parte de mí.)

 
 


 
 

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