
Cualquier día de 199….
Se dio cuenta de que el amor es como la energía: ni se crea ni se destruye. Acaso tan solamente puede transformarse.
Ella deseaba que se transformara pronto. Esa energía que la poseía era considerada por ella como una lacra que no la dejaba respirar, ni concentrarse en tarea alguna. Le había robado el apetito, su don especial de comunicarse con los demás y había anulado el ser ella misma.
Le costaba conciliar el sueño pensando, imaginando, soñando despierta lo que tantas veces había desechado de su mente.
La había acaparado ocultándola a su entorno.
Sencillamente se había hecho su dueño.
Y ese dueño hizo que ella fuese dueña de él.
Ahora ella pertenecía a lo prohibido, amor que emanaba a raudales desde lo más hondo envolviéndola como los cálidos rayos del sol en los atardeceres invernales.
Cada mirada un “te quiero”. Cada roce de sus manos un deseo se despertaba, cada música en la soledad, un recuerdo.
El tiempo se paró, el reloj dejó aparcado tu tic-tac y el derredor desapareció.
Ya no existía nada. Ni nadie. Tan sólo ellos dos.
Ellos dos para murmurarse al oído, para abrazarse, para devorarse las bocas. Para amarse. Amarse a escondidas y de espaldas a todo y de todos.
Dejó de existir para ella la familia, los amigos, los compañeros de trabajo; en definitiva, desapareció todo lo que no fuera ellos dos y su intenso amor.
Noches solitarias en las que se amaban. Las estrellas sus únicos testigos. Y esa canción que hicieron suya porque reflejaba fielmente su historia, sus sentimientos….
Un día el tiempo se despertó, el reloj comenzó tímidamente su tic-tac y el entorno comenzó a tomar forma, una forma cada vez más definida.
Entonces ella comprendió. Su amor, su maravilloso amor era un hechizo que la impedía ver lo más real de su existencia: Seres a los que proteger, personas a las que amar y educar, amigos a los que escuchar y sobre todo Vida que vivir.
Sensaciones contradictorias, llantos escondidos, culpabilidad que dañaban el alma, y mucha desorientación.
Si frenaba esa pasión vital clavaba un puñal en el corazón amado. Si continuaba, hacía daño a los suyos con su “no estar” aún estando.
Pero la sangre tira, y aún sin saber si tomaba el camino acertado optó por lo primero.
Y acertó.
Sin embargo aún hoy, le duele tanto….
(A ti, Gitana)












