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Se Llevo

por diariodeunpasado @ Sábado, 07. Jun, 2008 - 21:10:21

(Oleo "Angel Nocturno"- Aromonia Normas Rivero)

Pasó el tiempo y se llevó con él todas esas cosas, que tan importantes fueron para mí en la vida.

Se llevó mi inocencia cristalina de la infancia, transparencia de aquél presente en el que con los ojos de la inmadurez me hacía pensar que todo podía ser; la fragilidad con la que miraba a una realidad distorsionada; el encanto de los sueños imposibles, y el candor de de la niñez cuando jugaba a formar figuras con las nubes.

Me quitó los suspiros enganchados de deseos y añoranzas,  veloz golondrina emigrando a otros lugares, lamentos contenidos, risas esparcidas al aire, lágrimas ardientes y gratitud derramada.

Un día me di cuenta que se había llevado el mástil en el que me sostenía; la verdad que yo intuía, y la fé en aquello en lo que siempre había creído.

Me dejó solo jirones de aquello que yo fui un día, retazos neblinosos de mi esencia; desengaños clavados en mi interior como acero frío y cortante; un cielo para no mirar; un viento con el que no puedo volar, y la certeza de haber rechazado lo único que me hizo sentirme Yo en todos y cada uno de los recovecos de mi ser más profundo.

Me dejó la madurez. Nada más.

 

…. Sin embargo, aún oigo aquella música.


 
 

Rojo No, Grana Si

por diariodeunpasado @ Jueves, 01. Mayo, 2008 - 10:05:24

Alejandra Winkhaus- Acrílico "Puesto en rojo I"

Hoy 1º de Mayo, y al igual que cada mañana, Alfredo abre los ojos con el primer canto de los mirlos. También como cada mañana, se baja de la cama con la escasa agilidad que le permiten sus desgatadas articulaciones, se calza del revés las zapatillas de gamuza gris y así, mostrando huesudos tobillos y arrastrando los pies al andar (cosa que hace muy lentamente), llega hasta la cristalera y abre de par en par la ventana.
Respira a borbotones el fresco aire que se cuela del exterior y lo deja llegar hasta sus pulmones como una inyección de vida renovada.
El vuelo de los mirlos jugueteando entre los pinos pasa antes sus engurruñidos ojos como retazos de terciopelo negro. Los mira a contraluz del sol que despunta en el horizonte, y aunque le gusta mirarlos, está a años luz de comprender y sentir su vuelo, de recordar que una vez aprendió que ese vuelo de primavera significa cortejo y seducción.

Alfredo hace ya algún tiempo que pasó de los 70 y algo menos que vive con la mente inmersa en una burbuja de irrealidad que la mantiene presa a toda realidad.

Alfredo sufre alzheimer.

Para él no hay futuro porque no tiene constancia del significado de “futuro”. El presente es, si acaso en algunas ocasiones, una delgada ranura por la que asomarse al mundo exterior. El pasado, su pasado, duerme narcotizado en algún recoveco de su cerebro, si bien a veces, pocas, suele aparecer escondido en flases difusos y relampagueantes, como una leve intención de hacerse notar, se transmitir que aunque dormido, aún está ahí, en alguna parte.
Cuando eso ocurre Alfredo se desconcierta aún más dentro del desconcierto permanente en el que vive. Son instantes en los que vuelve a ser lo que fue y desea quedárselos, asirlos en el aire, apresarlos de  la nada en la que habitan  y hacerlos volver de nuevo a su lugar, de dónde nunca debieron escaparse. Pero eso solo pasa algunas milésimas de segundos, o sea, nada. En definitiva, Alfredo ha perdido toda su identidad.

Por eso no sabe que hoy es 1º de Mayo, festividad que tantas veces celebró en el Colegio Salesiano donde estudiaba, como la festividad de San José Obrero, con grandes cantos y alabanzas, porque cuando Alfredo era escolar, la celebración del Día del Trabajador había sido fulminada por el dictador de turno, por la de San José Obrero.
Tampoco recuerda que fue molido a palos por el cura salesiano de su clase, el día en que celebrando dicha festividad, se le ocurrió decir la palabra “rojo”, refiriéndose al color de las cadenetas de papel que adornaban el patio.
El cura se dirigió a él con la vara verde de abedul amenazante entre las manos.

“¡No se dice “rojo”, se dice “grana”!

Y una lluvia de palos cayó sobre él dejando en su piel morados verdugones.
Los niños en el patio lo abucheaban mofándose de él. Alfredo se orinó encima. Lloraba.

Luego su padre le aclaró que no era conveniente pronunciar la palabra “rojo”, aún refiriéndose al color, que “rojo” era denominado todo aquél que no era afín al Régimen del Generalísimo, que los “rojos” eran considerados crueles y perversos, hombres malos desechos de la sociedad. Por lo tanto en lugar de “rojo” había que decir “grana”.

Y jamás en su vida, ni aún después de entrada la democracia, Alfredo volvió a pronunciar la palabra “rojo”.

Se apartó de la ventana y con gran parsimonia intentó vestirse, cosa que como cada día, tuvo que conseguir con la ayuda de su hija, porque él, y al igual que un bebé, no sabía vestirse sólo. O bien se colocaba el suéter hacia detrás, o metía las dos piernas en el mismo pernil del pantalón, o simplemente salía a medio vestir.
Ni siquiera tenía capacidad para lamentarse de su situación, o sentirse víctima inocente de esos dedos invisibles que se habían apoderado de él.

Su hija lo guió a la mesa dónde le tenía preparado el desayuno. Lo ayudó a sentarse y le sirvió el café y las tostadas con mantequilla y mermelada. Mermelada de fresa. Roja.
Alfredo quedó como hipnotizado mirando el rojo de la mermelada. Su hija lo observaba.

Alfredo gritó: “¡No se dice rojo, se dice grana”! Y rompió en histéricos sollozos.

Su hija lo abrazaba, lo besaba, lo levantó de la silla y lo llevó hacia el patio para tranquilizarlo. El, como un niño, se dejaba llevar aún llorando. Tras de sí iba dejando un reguero mojado.

Alfredo se había orinado.

Vailima

por diariodeunpasado @ Sábado, 19. Abr, 2008 - 09:14:35
(Imagen tomada de "pequeños pasos para futura guionista")

Así pienso, así deseo, así Siento.





También pudiera ser
que huyéramos hacia el azul
con rumbo a un atolón
perdido en los mares del sur,
y allí te construiría
con corales y bambú,
una cabaña bajo
un silencioso alud
de blanca luz.

Veríamos junto a las olas
a Daniel Defoe,
bebiendo con John Silver
un barril de viejo ron,
a Robert Louis Stevenson
con una leve tos,
jugándose a Maureen O'hara
al dominó
con Robinson.

Y el tesoro de la isla
yace bajo algunas rimas,
en la cumbre prohibida
de Vaea, en Vailima.

Baroja y Joseph Conrad
raptarían a Melville
para ponerlo a salvo,
de la airada Moby Dick;
con Shanti Andía, bailaría
un tamouré Lord Jim,
cantado por Jacques Brel
desde su Plat Pays
en Tahití.

Del brazo irían Garfio
y Don Ramón del Valle-Inclán,
colgados de una nube
del Mar de Nunca jamás,
y el feo Bradomín,
católico y sentimental,
daría sus dos brazos
por poder volar
con Peter Pan.

Y el tesoro de la isla
yace bajo algunas rimas,
en la cumbre prohibida
de Vaea, en Vailima.

En la familia Robinson
habría un niño más,
el Pequeño Salvaje
que soñara Marryat;
perdido entre una flor
y una vahiné de Paul Gauguin,
Jonathan Wyss escribiría
con champán:
Felicidad.

En la taberna de Colón
sería carnaval,
Salgari se disfrazaría
de Cápitan Grant,
de carabela, Verne,
de Jack London, Sandokán,
de Yvonne de Carlo, tú,
yo, de lobo de Mar,
o de Simbad.

Y el tesoro de la isla
yace bajo algunas rimas,
en la cumbre prohibida
de Vaea, en Vailima.

(Luis Eduardo Aute - "Vailima")

(¡Toda vana restricción dejada atrás,
frágil barca!
Libero mi anclada mente y, con viento a la cuadra,
antes de que huya el favorable de la costa,
un nuevo Colón,
que se ha jurado encontrar
la tierra del alba.)

R. L. Stevenson

Su Obra Más Maravillosa

por diariodeunpasado @ Miércoles, 09. Abr, 2008 - 20:25:46


Recuerda su madre cuando lo llevaba de la manita por el real de la Feria. Tres añitos que tenía y ya parecía todo un hombrecito vestido flamenco, con sus botos camperos, pantalón negro a media pierna y chaquetilla corta, fajín verde (porque él decía que era “der Betis”) y sombrero de ala ancha.

Orgullosa que iba ella de lucir a semejante tesoro, su obra más maravillosa y majestuosa creada.

Y así, de su mano y annegada de satisfacción, paseaban por el Real. Albero apisonado y recién regado, farolillos blanco, farolillos rojos, farolillos vedes… y una gitana que se les acercaba para ofrecerles un ramillete de romero, que da buena suerte. Que no le dijo rechazando el ofrecimiento, que no era ella creedora de esas cosas.

El no soltaba la mano de su madre, advertido como estaba de que si se soltaba podía perderse.  Y perderse en la Feria de Sevilla podía convertirse en una tragedia, tanto es el bullicio que hay.
Aunque su ilusión primordial de niño era adentrarse en la Calle del Infierno, el manojo de globos atados a una cuerda que se elevaba hacia el infinito llamó su atención.

- Quiero uno mami – soltó con su aún media voz.

Y su madre le compro el globo más grande, el más vistoso, el más alto, un corazón con el dibujo brillante de la Dama y el Vagabundo. Y atado a su bracito, él soltaba cuerda para hacerlo llegar al cielo.

- Alto, alto, mami, que lo vean los angelitos.

Ella apretaba su mano mientras con la otra le señalaba el puesto de algodón, y sus ojitos se abrían desmesuradamente ante el exquisito colorido de la golosina.

Lo recuerda su madre subido en un auto de bomberos de la atracción de feria tocando la campana y saludándola a cada vuelta.
Sonriente a lomos del caballo del Tío Vivo.
Sudoroso saltando incansablemente sobre el Castillo Hinchable.

Suerte pensaba ella que tenía en su vida. Suerte de tenerlo a él. Ojos negros como el carbón, labios carnosos y sobre todo, esa grácil simpatía que despuntaba.

Lo quería. Lo amaba. Nada comparable con aquél amor.

Su manita dio un tirón del vestido de su madre.

- Quiero subirme ahí. – y señalaba la motocicleta del pequeño carrusel.

Su madre lo subió. El volvía a saludarla a cada vuelta con una sonrisa inocente y dulce.

A ella un escalofrío le recorrió la espalda.

Esa noche hizo que durmiera con ella. Y durmieron así, juntos y abrazados mientras ella le contaba el cuento de rigor, un cuento que esa noche trataba de las aventuras de un niño en la Feria.

Despertó de repente cuando los pájaros ya comenzaban su trino. Creyente aún de la jornada anterior en la feria, toco la cama vacía.
No era aún consciente del tiempo transcurrido.
Tanto…
Entonces se hizo la luz en su interior.
Y esa luz le trajo la imagen de su obra más perfecta, convertida en adolescente, a lomos de la motocicleta. Su última imagen.

Todavía a caballo entre el pasado y el presente se colocó la máscara como cada día y se dirigió a la cocina a preparar los desayunos.

Aún había quién necesitaba de ella.

Sevilla. Para Vosotros

por diariodeunpasado @ Domingo, 06. Abr, 2008 - 22:07:14

Estais Invitados a "mi" Feria de Abril.

Hebrea

La Inseguridad De Blanca

por diariodeunpasado @ Martes, 01. Abr, 2008 - 21:50:19

(Oleo "Perdida en la Niebla" - P.Román)


Hoy Blanca está sumida en uno de esos días que la llenan de vacío.
Hoy Blanca está triste.
Y mira que no será porque no esté acostumbrada a ello, ¡que va!, si ya se lo tiene aprendido de memoria, tal y como cuando era pequeña se aprendió de memoria el abecedario, el Padre Nuestro  y la tabla de de multiplicar. No, Blanca no se sorprende de que en su vida aparezcan frecuentemente días así, vacíos, incoloros, insulsos, carentes de ilusiones y de esperanzas, y lo que para ella resulta peor de todo, carentes de confianza en sí misma, porque Blanca, a pesar de encontrarse en plena madurez física y psíquica, de estar “felizmente” casada y tener dos hijos maravillosos, siente que no vale nada, que su persona es incapaz de importar algo a alguien, de que en este mundo pueda haber quien la aprecie.
En definitiva, Blanca se siente una verdadera escoria.

Los días que para Blanca aparecen así siempre vienen provocados por algún que otro acontecimiento. Nada importante, vanalidades, bien que lo sabe ella, tantas y tantas son las veces que le ha pasado, lo mismo que también sabe el daño que le hace y como la destruye.

Hoy en concreto el episodio desencadenante fue un cruce de palabras algo cargado de malsana ironía que tuvo con su marido, algo en fin tan común en la vida que ni siquiera merece ser tenido en cuenta. Pero ella no puede. A ella esas menudencias la desbaratan por dentro completamente, y de ahí a sentirse nada, es un todo.

Y es que Blanca sabe que carece totalmente de autoestima. Lo sabe desde pequeñita, aunque claro está, de pequeñita no era consciente de esa palabra tan grande para ella y de lo que significaba, pero eso no importaba, porque aunque desconociera su definición y significado, ella ya sentía así.

En realidad Blanca es transparente y blanca tal como su nombre, que por cierto bien acertados que estuvieron sus padres al ponérselo. En sus actos no hay maldad porque no existe la maldad en su corazón. No sabe lo que es el rencor, no conoce la envidia y mucho menos la venganza. Llora cuando ve el sufrimiento ajeno y siempre está presta a ayudar al que lo necesita. Blanca es puro amor por dentro y por fuera. Siente que ama y entrega todo ese amor en todos los niveles. Por el contrario Blanca no se siente amada.
Cualquier palabra dirigida a ella sin la más mínima intención la toma como un ataque. Porque Blanca se siente constantemente atacada aún por los que nunca la han atacado. Si hacen alarde de su belleza, inmediatamente ella piensa que se lo dicen hipócritamente, si la besan cree que lo hacen por obligación, y si le dan muestras de cariño ella siente que es por lástima.

Y es que Blanca es muy insegura. Y es tan insegura porque carece de autoestima. Y esa autoestima le fue arrebatada de pequeña vete tú a saber por qué causa y motivo, porque cuando estas cosas ocurren en la infancia, con el paso del tiempo, además de intensificarse, se hacen más difíciles de encontrarles la raíz, y como consecuencia encontrar la solución.

Ella siempre ha tratado de poner remedio, sobre todo últimamente y debido a la etapa que atraviesa en su vida, porque Blanca se da cuenta de que a causa de esa inseguridad ha perdido y se ha perdido muchas cosas en el camino, y sabe que va a perder más, ya sea mucho o poco, en lo que le queda por vivir. Pero también sabe que esa autoestima, y a estas alturas de su vida, nunca la va a conseguir. Y entonces resulta que es como la pescadilla que se muerde la cola.

Y Blanca sufre.

Por eso desea que termine ya el día de hoy y que mañana amanezca distinto, que aunque ella sabe que caminará siempre con esa inseguridad a cuestas, tiene la esperanza que al despertar sea todo distinto. Lo desea.

Pero Blanca sabe que ya siempre será así. Y Blanca se conforma.

Ya se ha acostumbrado a sentirse “no querida”, “no deseada”, “no valorada”, “no admirada”.

Se ha acostumbrado a ser simplemente Blanca.

Vandalio, "De Hispalis A Sevilla"

por diariodeunpasado @ Sábado, 29. Mar, 2008 - 20:29:26

“De Hispalis a Sevilla”, publicado por la editorial Alfar, es el nuevo libro que nuestro amigo Vandalio  (Grandes Palabras), va a presentar en la próxima Feria del Libro de Sevilla ( Plaza Nueva, del 30 de Abril al 11 de Mayo). En él podremos encontrar nuevas aportaciones históricas sobre esta tierra.

Estoy segura que su lectura llenará de una gran riqueza cultural a todos los que lo leamos, ya seamos sevillanos o no, porque la historia es apasionante por sí misma, independientemente del lugar sobre el que esté contada.

Por otro lado, y conociendo como conocemos la trayectoria personal de FAP, como escritor, historiador e investigador, está por descontado que adentrarse en este libro será un verdadero deleite.

 (Sevilla, Plaza Nueva)

Un abrazo para tí, Vandalio.

Arousa

por diariodeunpasado @ Lunes, 24. Mar, 2008 - 21:10:01
(Oleo "El Jardín Parroquial de Nuenen con nieve"- Van Gogh)


No era yo consciente entonces del trabajo que me costaba, de lo que me dolía separarme de él.

Pasos de ilusiones iban construyendo la senda almibarada de mi vida, y yo me deslizaba por ella con pasos de bailarina calzada con zapatillas de raso blanco. Primaba en mí la inocencia y la inconsciencia. El amor me envolvía en azules luces de artificio, y los escasos veinte y poco de años me apremiaban, a lomos de un alazán, a volar con alas humo.

Y así, fui preparando una libertad de aire fresco pensando que el que respiraba ya estaba rancio, y un nuevo nido translúcido como el cristal y claro como el aire de la mañana, porque también creía que el que hasta ese momento me cobijaba me oprimía y me asfixiaba.

El era sabio y yo sentía que también mi cómplice. Me veía hacer, preparar, proyectar nuestra separación y jamás dejó entrever contrariedad ni reparos. El sabía de las leyes de la vida y cual era su papel en todo momento. No se me ocurría entonces pensar  que tal vez todo éso pudiera causarle cierto dolor porque ni siquiera se me pasabapor la mente, y mucho menos, el ponerme ni tan sólo por unos instantes en su lugar.

El me solía preparar todas las mañanas el café para tomarlo en la cocina antes de que yo partiera hacia el trabajo. Lo tomábamos juntos y muchas veces él me acariciaba el pelo y me besaba la cabeza. Aún me parece sentir en mi paladar el sabor de su café, espeso y fuerte,  y en mi cabeza el peso de su mano.
Había momentos en que yo lo notaba mirándome y veía sus ojos un poco acuosos, y él, como queriendo ocultarlo me abrazaba y me llamaba “mi princesa”.

Cuando un día mi cuerpo se vistió con el blanco puro de las azucenas y en mis ojos brillaba la luz plateada de la ilusión, él me tomó del brazo y me llevó a través de una alfombra roja ante un altar de flores inmaculadas, en cuya escalinata me esperaba un nuevo futuro.

Y de la mano de ese nuevo futuro al que tanto amaba, partí cargada de esperanzas y con el alma henchida, porque cuando el amor está recién nacido y es compartido, todo lo demás no se tiene en cuenta.

Así me fuí hacia un viaje de miel y azúcar, llenando mis sentidos con mi amor y con el entorno que nos envolvía, disfrutando de cada noche, de cada luna, de cada momento que la vida me brindaba en ese viaje único en la vida de los enamorados.

Entonces una tarde, un 21 de julio a las 16 horas, mientras nuestras miradas se llenaban con la magia de la Ría de Arousa, sentí la imperante necesidad de hablar con él.

Su voz respondió a través del auricular a una distancia de mil kilómetros, y en ese mismo instante a mí se me rompió el alma.

Garras de acero me oprimían la garganta e impedían a mi voz escapar.

Bruñidos puñales me atravesaron las entrañas y el dolor me partió en dos.

Humo ácido se coló en mis ojos arrancando lágrimas ardientes.

Yo lo sentí.

Además de una pena enorme, también la impotencia y el desconsuelo que nos embarga cuando un ser querido parte hacia otra vida.

Jamás yo había sentido así.

Un velo negro se interpuso entre la felicidad que hasta ese momento vivía y yo.

Dejó de existir para mí la belleza del entorno que estaba disfrutando, la compañía de mi amor y la ilusión del futuro inmediato. Tan sólo quería volver.

Y volví.

Volví y él estaba bien. Yo no. El tiempo, como suele hacer siempre en la vida, puso en mis recuerdos un vaho nebuloso que borró los contornos de aquellos momentos vividos. Y todo pasó, y todo quedó como antes, como si nada hubiera ocurrido.

Justamente un 21 de julio a las 16 horas, unos años más tarde, él, mi padre, dejó de estar entre nosotros.

Yo sentí ante su muerte el mismo dolor y desasosiego de aquella otra tarde ante la Ría de Arousa.

San Gonzalo - Lunes Santo (En Especial A Valentin Utrera Y a Entresijos)

por diariodeunpasado @ Lunes, 17. Mar, 2008 - 23:34:17
A pesar de que soy agnóstica, me gusta la historia, y la Semana Santa porque son retazos de la Historia. Creo que Jesús existió, y admiro su obra y su filosofía de la vida.
Tanbién me gusta el arte. Y por eso me gusta la Semana Santa, porque es una mezcla de Historia, Arte, Música y Cante (saetas), todo ello perfumado con el azahar de los naranjos.

La Cofradía procesional conocida popularmente como "San Gonzalo", es mi preferida del Lunes Santo.

Quiero compartirla con ustedes.



Las Imágenes de San Gonzalo de Ortega Brú


El Escultor e Imaginero Ortega Brú.

Nació el 16 de Septiembre de 1916 en la localidad gaditana de San Roque, recibiendo el sacramento de la primera Comunión en 1928. En La Línea de la Concepción, allá por el año 1931, estudia escultura en la escuela de Artes y Oficios, y en 1934 recibe clases de dibujo con el maestro y poeta de San Roque, José Domingo de Mena.

En 1936, durante la Guerra Civil, estuvo en varios frentes, siendo en el de Madrid donde a causa de la metralla se le revienta el oído, pasando pos este motivo, y al tener conocimiento de lectura y escritura, al acuartelamiento del Prado, donde esta dos años en la sección de Cartografía. Este mismo año, el 5 de agosto, su madre es fusilada, por un presunto delito de rebelión militar.

1939 también resulta un año trágico para la familia del escultor, puesto que el padre, Ángel Ortega Bru, es fusilado por los mismos motivos que su esposa y se pierde la hacienda de la familia. En este año el escultor es encarcelado por ayudar al bando republicano. En 1940 es puesto a disposición del consejo de guerra de Algeciras y condenado a tres años de prisión por un delito de auxilio a la rebelión. (Según Fuentes familiares fue condenado a muerte, pero recibió indulto y se redujo la condena a un año de prisión y cinco años de trabajos forzados.)

En 1943 consigue el primer premio del certamen de escultura de Cádiz con su obra "Los Titanes", y en 1944 lega por primera vez a Sevilla. Al año siguiente curso estudios en la escuela de Artes Aplicadas de Sevilla, siendo su maestro Juan L. Vasallo.

En 1949 expone por primera vez en Sevilla en la sala Hernal. En 1951 es apoyado por el general de aviación José Rodríguez y Díaz de Lecea, para tallar imágenes procesionales, contrayendo matrimonio un año después con Carmen León Ortega en la capilla del Baratillo.

Talla las imágenes para la Hermandad de San Gonzalo: Jesús del Soberano Poder (1975) Caifas (1976) y Ntra. Sra. de la Salud (1977), igualmente el Diseño de los llamadores de ambos pasos. Imágenes de la Virgen, arcángeles y ángeles de los varales del palio de la Virgen, realizados en madera en 1978.

Era noviembre. Una fría mañana d noviembre(1982) un gélido soplo de muerte nos lo arrebató tras meses de sufrimiento.

 



La Hermandad de San Gonzalo Por las Calles de Sevilla


Nuestro Padre Jesús Del Soberano Poder Ante Caifás


(Detalle)

Con Los Ojos De Un Niño

por diariodeunpasado @ Miércoles, 12. Mar, 2008 - 12:10:34

Quisiera yo poder mirar la vida a través de los ojos de un niño, ver el tiempo con el prisma de la inocencia, desconocer el lado oscuro del día a día, y poder así ofrecer lo mejor de mí, sin odios ni rencores.

Sin dolor.

No hubiera yo querido renacer nunca al mundo de los adultos, que aún sin pretenderlo llevamos dentro de sí lo más aguerrido de lo cotidiano.

Y lo cotidiano no conlleva la felicidad.

Lo cotidiano trae consigo la ignorancia del derredor, la ceguera al sufrimiento ajeno, la negación al sacrificio del necesitado...

Quiero yo mirar la vida con los ojos de un niño.

Inverbe Realidad

por diariodeunpasado @ Viernes, 29. Feb, 2008 - 22:55:28

Había veces en mis noches en las  que despertaba angustiada, con una enorme sensación de ahogo. Incluso después de abrir los ojos continuaba sin saber si estaba dormida o despierta. Me parecía creer que la habitación estaba totalmente llena de una bruma que desconocía. No era capaz de distinguir si era vapor, humo o niebla, tan sólo que era algo que me impedía vislumbrar los contornos de los muebles y que incluso eclipsaba la luz de la farola de la calle que intentaba colarse por la ventana.

Ese algo inundaba mis pulmones y me impedía respirar tal y como si unas potentes manos de hierro se aferraban a mi pecho y, oprimiendo mi garganta la cerraran al oxígeno.

Y allí, en medio de esa densa opacidad presentía que estaba él. Lo intuía fuerte, altivo, poderoso…. Y también lejano. Yo gritaba pidiéndole ayuda a pesar de que ningún sonido salía de mis cuerdas vocales. Extendía mis brazos hacia él intentando aferrarme a su cuerpo inalcanzable. Y él, implacable ante mi angustia, se daba la vuelta y se perdía despacio entre la nebulosa que impregnaba la habitación.

En todas esas ocasiones yo quedaba sumida en un temblor que castañeaba incontrolablemente mis dientes y se bañaba mi cuerpo en un frío sudor muy distinto al provocado por el calor.
Acaso alguna vez se volvía antes de desaparecer. Entonces yo veía claramente sus ojos negros azabache brillar como en la foto que de él conservaba.

Mi corazón comenzaba a galopar alocadamente, aterrorizado, y de nuevo cuando intentaba alcanzarlo y buscar su apoyo, el desaparecía.

Después yo lo veía todo con los ojos del alma y descubría la vida más allá del cristal empañado por el que la miraba.

Entonces todo de volvía nítido y cristalino, visión imberbe de mi realidad.

Hoy, Para Tí, Mi Andalucía

por diariodeunpasado @ Jueves, 28. Feb, 2008 - 11:37:48

(oleo Patio Andaluz- Pilar Fernández)


Clavel reventón.
Macetas colgadas.
Rejas.
Bordado Mantón.
Cernuda.
Callejuela empedrada.
Sol.
Aleixander.
Jazmines de olor.
Zelindas blancas.
Verde limón.
Espigas doradas.
Fuentes que ríen.
Machado.
Agua.
Patios floridos.
Búcaro.
Brío.
Alazán.
Parra.
Arroyos cantan.
Seco olivar.
Casas encaladas.
Plazuela.
Judería.
Carabela descubridora.
Guitarra.
Juan Ramón.
Mezquita.
Alhambra.
Lorca.
Negro pelo.
Giralda.
Bécquer.
Caleta.
Alberti.
Luz de plata.
Lunares.
Volantes.
Peinetas, zarcillos, enaguas.
Salinas.
Árabe.
Mora.
Gitana.
Tú.
Mi tierra.
Tú.
Andalucía Amada.



(Oleo Mantón . M. Dolores Gil)


Hoy, 28 de Febrero es el día de Andalucía

En Este Atardecer

por diariodeunpasado @ Lunes, 25. Feb, 2008 - 21:11:43

Atardece.

El zumbido del silencio bajo el calor atípico de hace unas horas se a ha apagado. Era un calor distinto, un calor como el de antes, como el que empezaba en el mes de febrero y apenas daba un respiro para darnos cuenta de que ya era verano.

Abro la ventana y como un ladronzuelo que corre, se cuela el olor a yerba nueva y fresca.

Salgo fuera. Desciendo los escalones de la cocina que dan a  la parte trasera de mi casa y me voy allí abajo, abajo del todo, allí dónde me suelo acomodar cuando deseo soledad y quedarme unicamente con mi Yo.

Está fresca la yerba. La tomo por lecho, y por techo el intenso ramaje de los pinos.

Mi mente se escapa de mí, hace oídos sordos a los trinos peleones de los gorriones luchando cada cual por tomar el mejor acomodo para dormir. Se acuestan pronto los gorriones. Duermen en la hiedra que cubre la pared de la ventana. A veces, se chocan con el cristal.

Yo estoy en otra dimensión también rodeada de verde, pero esta dimensión no es mi casa, no es mi verde. Es un verde esperanza el que miro, un verde esperanza cargado de la adolescencia de aquél que se marchó.

Y en esta dimensión y en este verde, siento que él está a mi lado, que me habla y me cuenta lo que tantas veces pregunto y nadie me responde.

Entonces yo respiro tranquila y tengo la certeza de volver a verlo aunque no sepa cuando.

De nuevo se va.

El canto de los mirlos me trae de nuevo a la realidad. Debe haber pasado largo tiempo pues los mirlos son los últimos que se acuestan. Abro los ojos y ya casi anochece. Ahora siento frío. Al pronto no sé muy bien dónde me encuentro pero miro hacia la derecha y veo mi casa.

Despacio y serena me meto dentro. Junto a mí entra también un intenso olor a primavera.

 

 

Sombra

por diariodeunpasado @ Sábado, 23. Feb, 2008 - 18:03:11
(Collage/4 - Paqui Pagán)

Corre la sombra en pos de la sombra que huye de mí misma.

Sombra, reflejo del propio yo, oscuridad opaca que no se deja apresar.

Sombra etérea e intocable a la que el sol muestra a su antojo.

Sombra, mi sombra, eterna compañera que carga sobre sus hombros aquello que no puedo mostrar.

Tú, Mi Sombra.

Amargura

por diariodeunpasado @ Jueves, 14. Feb, 2008 - 11:31:54


(Oleo "Niñas en el Jardín", de José Miguel Román Francés)

“Cuando Marzo mayea, Mayo marcea”  (refrán  del Refranero Español)

Aquél año Marzo hacía honor al refrán y mayeaba. Aún a pesar de que tan sólo unos días habían caído perezosos de su calendario, Marzo se tomó al pié de la letra el dicho y se mostraba brillante y caluroso luciendo a gala una prematura primavera.
Pululaban los abejorros por entre los capullos semiabiertos de las prímulas y se embadurnaban las patas del amarillo azafrán de sus pistilos.

Mi hermana y yo jugábamos en el corral, entre las malvas y entre las espigas, sentadas al pie del naranjo agrio.

El aire ya olía a incienso, a miel y a pestiños, a aceite refrito con cáscara de naranja amarga, a empanadillas de sidra y a torrijas de vino negro.
Se acercaba la Semana Santa y ya Pepa andaba metida entre los fogones, los lebrillos de barro vidriado y las cacerolas de aluminio, ya abolladas por el uso y el tiempo, haciendo los dulces típicos de la fecha.

(Pepa, querida Pepa, maravillosa Pepa).

Un ligero viento traía hasta nuestros oídos el repiqueteo de tambores y las marchas de Semana Santa desde el Colegio Salesiano, dónde la banda de cornetas y tambores ensayaba. Se preparaban para las procesiones venideras.

Mi hermana y yo comíamos agritos amarillos. Chupábamos el tallo y nuestro paladar explotaba de sabor ácido y agrio. Estábamos felices.

De un momento a otro, Marzo, caprichoso Marzo, cambió de opinión y decidió arrebatar a Abril el agua de lluvia y acompañarla de su viento que mantenía escondido.
Soplado  por él agresivamente, nubarrones negros comenzaron a acercarse desde el horizonte. Tuvo el atrevimiento de levantar las faldas de nuestros uniformes de colegialas y se dedicó a enredar aún más los rizos de nuestro pelo.
A la voz de mi madre bajamos raudas las escaleras mientras el árbol de las trompetas blancas se doblaba en reverencia a nuestro paso, y las gruesas gotas de lluvia caían sobre nuestras cabezas y los truenos reverberaban en nuestros oídos.
De nuevo encendió mi madre el bracero y nosotras y mi abuela nos sentamos a la mesa de camilla mientras pasaba la tormenta.
Cayeron granizos que destrozaron las hojas de las aspidistras y los tallos de los miramelindos del patio, y la tormenta tal como vino se fue, mostrándose Marzo de nuevo con atisbos de Mayo.

Volvimos de nuevo al corral, que era el lugar de nuestros juegos, y quedamos boquiabiertas ante lo que se ofrecía a nuestra vista: la pared que separaba el corral de mi casa con el de la casa vecina se había caído y derruido por completo. Todo era una montaña de albero amarillo y arena, con el que en su día, mojado y prensado habián construído antiguamente la tapias.
Aquello era una novedad para nosotras. Rápidamente comenzamos a saltar de montón en montón, a hacer hoyos, y canalillos para que el agua serpenteara por ellos a modo de río. Hicimos un puentecillo de ramitas del limonero para que lo atravesara y nos dedicamos a recoger conchas fósiles que estaban entre la arena y el albero. Mi madre nos dijo que esa arena la sacaban del río.
Subió mi padre cuando llegó del trabajo a ver la catástrofe para él, y la novedosa atracción para nosotras. Orgullosa yo le enseñé las conchas y me dispuse a buscar más.
Y así, cavando con las manos un poquito, saqué de entre el derrumbe un bote de cristal de pastillas aspirinas, sucio y enfangado. No tenía pastillas dentro pero si algo que no conseguía saber lo que era.
Se lo mostré a mi padre y él lo abrió con la misma curiosidad que nosotras. Sacó de su interior un trozo de papel amarillento y se lo quedó mirando unos minutos.
Luego mi padre rompió a llorar. Nunca había yo visto llorar a mi padre. Le pedí que me lo mostrara. Era un trozo de papel de estraza, de esos que se usaban (y se usan) en las tiendas de ultramarinos para envolver los comestibles. En él había escritas unas líneas a lápiz grueso, porque seguramente en el tiempo en que fueron escritas no existían los bolígrafos. La letra era tipo inglesa y no tenía faltas de ortografía. Decía así:

Frasco (Francisco) Abab era mi abuelo. Y en esa fecha mi padre no tenía ni pensamiento de nacer. Mi abuelo murió cuando yo tenía nueve meses así que prácticamente no lo conocí. Y sí, tuvo descendientes: un único hijo, mi padre, y dos nietas, mi hermana y yo.. Posteriormente tendría otra más, mi hermana Pilar, pero en este relato aún no había nacido.

Yo me abracé a mi padre y lloré con él. Lloré más por el sentimiento de pena y dolor que él me transmitía, que por las letras escritas por mi abuelo.

Permanecimos un rato abrazados. El viento, con olor a mojado, traía el sonido de la banda salesiana. Tocaban la marcha Amargura.

Viajar Por El Espacio

por diariodeunpasado @ Sábado, 09. Feb, 2008 - 23:39:36



Despierto de repente y lo primero que reciben mis pupilas al abrirse mis ojos es una explosión de luz blanquecina y limpia que me impide ver el entorno. Los entrecierro y así, poco a poco, la visión se va acostumbrando a este nuevo estado, se hace cómplice del ambiente y los contornos del espacio que me rodean se van dibujando y van tomando forma hasta llegar a una nitidez totalmente clara.