
Nada que ver con La Navidad, pero estos últimos días los he tenido de profunda reflexión, y he recordado cuando en la etapa escolar las monjas nos llevaban a hacer la semana de ejercicios espirituales para reflexionar, que dicho sea de paso, ni los vivía ni los entendía, porque con 11, 12 y 13 años en lo que menos se piensa es en la espiritualidad de cada uno.
Mis pensamientos de estos días han tomado forma y se me han presentado tal y como debe ser que yo siento internamente, aunque la mayoría de las veces no sea totalmente consciente de ello.
Me he dado cuenta que ya he pasado de la mitad de mi vida, suponiendo que viviera (y tal vez esto sea una utopía) hasta los 80 años, cosa que dudo.
Se han paso tan rápido estos años….siempre he imaginado que lo que queda por delante está aún muy lejano. Es como si el tiempo corriera muy lento y si prisas. A veces parece que ni siquiera va a llegar. Y sin embargo pasan tan raudos los segundos, los minutos, las horas… casi sin darme cuenta hoy pasa a ser mañana o pasado mañana, o fin de semana. Y así, los días, los meses, los años, van pasando tan rápidos como un parpadeo.
Soy consciente de que ese tiempo no se recupera nuca, desgraciadamente para mí aunque a otros les dé igual, pues la percepción de cada persona es distinta a la de otra.
Siempre me he dedicado a pensar en el mañana, como si para mí el mañana fuera como empezar a vivir, como nacer de nuevo. Generalmente no disfruto del presente, tan sólo del ensueño del pasado o de la esperanza del futuro, aún a pesar de saber que dentro de ese futuro está el final de mi vida. Y ese final es algo que me da tanto miedo….
Hago las cuentas y saco a la luz cuantos Diciembres he vivido. Cincuenta y uno. O cincuenta y dos si también cuento el primero en el que aún estaba en el vientre de mi madre. Mi madre que se me escapa poco a poco porque también el tiempo corre para ella.
La realidad me hace ver que el tiempo es un traidor, que actúa desde las sombras. No lo puedo detener en los momentos felices, ni darle marcha atrás para evitar los malos momentos, ni acelerarlo para llegar a ese ilusionado futuro.
Y me imagino que el tiempo se ríe de mí, seguramente igual que lo hace de tantos otros.
Tan efímero es vivir….












