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Archivos de: Diciembre 2007, 14

Fué Un Mes De Diciembre

por diariodeunpasado @ Viernes, 14. Dic, 2007 - 21:30:09


8.30 p.m.

Salgo del trabajo y ya es noche cerrada. Está despejado y estrellado el cielo. Un ligero y frío viento del norte remueve mis rizos y arremolina hojas en torno a mis pies. Llego hasta mi auto y me adentro en él, y el solo acto de mi respiración empaña todos los cristales y se palpa el frío

(sé que contigo jamás me faltará el calor)

que me cala hasta los huesos. Lo pongo en marcha, también la calefacción y. Paro un segundo a la espera de que el guarda de seguridad me abra la barrera para salir y le deseo buenas noches y una tranquila guardia.
A través de la autovía enfilo dirección a mi ciudad. Sintonizo la radio y me deleito escuchando a Wamp y su Lat Chrismas. Hoy no voy directamente a casa

(tú sabes que deberías hacerlo, estas cansada. Pero yo confío en tí)

sino que me dirijo hacia el centro de la localidad.
Estaciono donde puedo, me abrigo bien y me dispongo a caminar un largo trecho. Las calles aparecen ante mí bellamente iluminadas con motivos navideños,

(que pena que yo no pueda verlos)

los escaparates primorosamente engalanados luciendo sus mejores productos y todo el mundo parece derrochar amor.
El aire se inunda de ondas sonoras de villancicos infantiles y mis oídos se endulzan como dulces caramelos

(¿me darás alguno?)

en la boca de un niño.
Después de realizar las comprar regreso a casa cansada, muy cansada, pero con el espíritu henchido de Navidad, y una ilusión única y mía que cada vez se hace más intensa en mi alma.
Una buena ducha caliente, una cena ligera y me

(nos)

vamos a la cama.
Mi pareja ha tenido la gentileza de preparar la habitación. Ha prendido la chimenea de hierro que compramos el año pasado y que colocamos en un rincón del fondo y me ha dejado sobre la mesilla el libro de turno y la lamparilla a media luz. Me acuesto sola. El lo hará después de recoger la cocina. En este tiempo tengo que descansar más de lo habitual. Abro el libro pero soy incapaz de leer, así que desisto. Apago la luz y mi imaginación baila junto a las sombras de las llamas en la pared. Te sueño a mi lado

(también yo lo sueño)

imagino risas cristalinas, voces de terciopelo y una boca suave que se aferra a mi piel.
Intuyo tu calor entre mis brazos y tus primeros besos, tus caricias,

(yo imagino tus ojos mirándome fijamente, entre sorprendida y feliz)

tus mimos.... rizos azabaches,ojos almendrados que miran... me siento feliz esperándote y conscientes de que no aún no vendrás,

(tengo yo también tantas ganas de verte…)

me entrego al sueño.

Un fuerte espasmo me despierta

(¿también tú lo has sentido?)

y hace que mi cuerpo se retuerce de dolor y

(igual que me retuerzo yo)

no me atrevo a moverme por lo que me quedo quieta soportando uno tras otros los espasmos que me acosan.
A mi lado mi pareja duerme ajena a todo.
De repente siento las sábanas mojadas y espesas bajo mi cuerpo. Entonces el miedo se apodera de mí

(también a mí me duele, también tengo miedo. No me abandones)

y un grito apagado sale de mi garganta….

No estoy dormida aunque mantenga los ojos cerrados. Parezco dormida pero mis oídos escuchan y mi cuerpo siente. El dolor se ha ido, no en cambio mi miedo. Sin embargo aún mantengo la esperanza, tal vez no esté todo perdido….
Voces hablan entre sí “ hay latido cardíaco pero

(no dejes que me ocurra nada, ayúdame)

también hay desprendimiento”. Mi corazón se acelera y el miedo se apodera de m

(por favor, por favor protégeme)

porque soy consciente de lo que eso significa.
Me llevo las manos al vientre y las mantengo allí, tratando de transmitir calor y fuerzas

(te siento, siento la presión de tus manos e intento asirme a ellas)

para que no se separe de mí esa ilusión tan breve tiempo disfrutada.
Me inyectan algo en el brazo y de repente

(no me sueltes, déjame que siga contigo, para mí también es una gran ilusión)
dejo de oír

(no, no, no)

y de sentir.

Me despierta el frío y al abrir los ojos todo gira a mi alrededor. Mis manos aún reposan en mi vientre. Se acercan a mí y comienzan a hablarme. Me intentan explicar.
No hace falta. En lo más profundo de mí siento que te he fallado, que no he podido retenerte, que ya no estás, que te has ido. Vuela pues mi niño y encuentra otro seno que te sepa proteger mejor que el mío.

Entonces me permito el lujo de llorar.

((14 de diciembre de 1.99… La primera experiencia de las cuatro, casi idénticas, que forman parte de mis más grabadas vivencias.))


 
 

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