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A Tí

por diariodeunpasado @ Miércoles, 27. Jun, 2007 - 20:51:57

 

 

Dicen que no lloró cuando nació, que cuando la comadrona ayudó a sacarlo de las entrañas de su madre no necesito estimularlo para que rompiera a llorar y así a respirar. Dicen que nada más nacer comenzó a respirar por sus propios medios, sin llorar. Tal vez un augurio de lo poco que lloraría a lo largo de su vida (que de hecho fue relativamente corta), porque nunca dejaba escapar sus lágrimas; se las tragaba todas, avergonzado como se sentía por esa extrema sensibilidad que lo envolvía desde su nacimiento. Sensibilidad propia de niñas, le recriminaba su padre, y en el colegio lo llamaban “mariquita barre con la escobita”, y le tiraban a la cabeza armeses con una cerbatana de caña. El callaba. Y callaba porque a fuerza de tanto esconderse los sentimientos, a costa de ocultar aquello que sentía se volvió tartamudo, y entonces era peor, porque si intentaba pronunciar alguna frase y se atascaba, los niños le llamaban “tartaja”; Nunca lloraba, ni cuando estaba acompañado ni cuando se encontraba solo, aún a pesar de que a veces las lágrimas le ardían en los ojos, no las derramaba Se las tragaba negras como escarabajos y amarga como la hiel.
Siempre estaba solo porque él buscaba la soledad. Se apartaba de todos pensando que siempre sería burla de ellos, y así pasó su infancia y su juventud, sólo y apartado. Y triste. Su tristeza se hizo vertical, anidando silenciosa junto a su soledad.

“Fui niño sin saberlo me vi hombre sin quererlo” – se decía quedamente.

Y en su madurez lo conoció, Adonis moreno de piel aceituna y ojos de tuareg.
Lo miraba medio escondido en el rincón de aquél café que frecuentaba, casi espiando sus jóvenes y aterciopelados movimientos. Latía loco su corazón y se le ensanchaba el alma. Entonces el Adonis también lo miró y se cruzaron sus miradas, ojos que hablaban sin decir palabras, electricidad fluctuante que los recorría a ambos, oscuridad en el ambiente dejando solo visible a ellos dos.
Y se amaron. Y el ya no tartamudeaba y dejó de sentirse distinto porque había encontrado a su semejanza y se había despertado el amor que venía de la mano de la felicidad, felicidad tanto tiempo negada, amor nunca descubierto.
Entonces se mostró al mundo tal como era, sin tapujos y sin complejos, junto a su compañero, y a su lado vivió la primera y única historia de amor, maravilloso amor de su vida.

Ayer murió y hoy ha sido incinerado.

Sus cenizas las entregaron a “su” Adonis para, según sus deseos, esparcirlas bajo el magnolio del parque donde tantas veces retozaron.

 

(A ti J.C.)


 
 

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