
No volverá el azul de la infancia. Un día se subió en un tren sin ruedas y se perdió en el tiempo.
Se llevó en su equipaje el amarillo que traía el ratoncito Pérez cuando dejaba el regalo debajo de las blancas almohadas y el dorado en el que brillaban los reyes magos.
Se llevó también al blanco de mi Primera Comunión, y el anaranjado suave que emanaba de los amorosos brazos de mi abuela.
A lomos de un caballo de cartón intenté salir en pos de ellos. Sin embargo en el camino perdí el rosa de la docilidad.
Quise subir a una estrella de plata para poder recuperarlos y no pude.
Entonces perdí el blanco de la inocencia y dejé de ser niña.












