
Dicen que no lloró cuando nació, que cuando la comadrona ayudó a sacarlo de las entrañas de su madre no necesito estimularlo para que rompiera a llorar y así a respirar. Dicen que nada más nacer comenzó a respirar por sus propios medios, sin llorar. Tal vez un augurio de lo poco que lloraría a lo largo de su vida (que de hecho fue relativamente corta), porque nunca dejaba escapar sus lágrimas; se las tragaba todas, avergonzado como se sentía por esa extrema sensibilidad que lo envolvía desde su nacimiento. Sensibilidad propia de niñas, le recriminaba su padre, y en el colegio lo llamaban “mariquita barre con la escobita”, y le tiraban a la cabeza armeses con una cerbatana de caña. El callaba. Y callaba porque a fuerza de tanto esconderse los sentimientos, a costa de ocultar aquello que sentía se volvió tartamudo, y entonces era peor, porque si intentaba pronunciar alguna frase y se atascaba, los niños le llamaban “tartaja”; Nunca lloraba, ni cuando estaba acompañado ni cuando se encontraba solo, aún a pesar de que a veces las lágrimas le ardían en los ojos, no las derramaba Se las tragaba negras como escarabajos y amarga como la hiel.
Siempre estaba solo porque él buscaba la soledad. Se apartaba de todos pensando que siempre sería burla de ellos, y así pasó su infancia y su juventud, sólo y apartado. Y triste. Su tristeza se hizo vertical, anidando silenciosa junto a su soledad.
“Fui niño sin saberlo me vi hombre sin quererlo” – se decía quedamente.
Y en su madurez lo conoció, Adonis moreno de piel aceituna y ojos de tuareg.
Lo miraba medio escondido en el rincón de aquél café que frecuentaba, casi espiando sus jóvenes y aterciopelados movimientos. Latía loco su corazón y se le ensanchaba el alma. Entonces el Adonis también lo miró y se cruzaron sus miradas, ojos que hablaban sin decir palabras, electricidad fluctuante que los recorría a ambos, oscuridad en el ambiente dejando solo visible a ellos dos.
Y se amaron. Y el ya no tartamudeaba y dejó de sentirse distinto porque había encontrado a su semejanza y se había despertado el amor que venía de la mano de la felicidad, felicidad tanto tiempo negada, amor nunca descubierto.
Entonces se mostró al mundo tal como era, sin tapujos y sin complejos, junto a su compañero, y a su lado vivió la primera y única historia de amor, maravilloso amor de su vida.
Ayer murió y hoy ha sido incinerado.
Sus cenizas las entregaron a “su” Adonis para, según sus deseos, esparcirlas bajo el magnolio del parque donde tantas veces retozaron.
(A ti J.C.)

















Cumplo la petición de Taconeslejanos de transmitir sus deseos. Espero que con ésto muchas de las interrogantes que se habían producido quedarán contestadas.
taconeslejanos [Visitante]
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16.06.07 @ 07:55