
Altivos y majestuosos, orgullosos, se yerguen alzando sus torres al cielo custodiando las orillas del venerado río Loira. Techos de pizarra, ventanas de vidirieras y paredes de piedra ya gastada por el paso del tiempo, que aún guardan las voces y los suspiros de los que fueron sus moradores.
Perderse por sus estancias es como perderse por un pasado demasiado tardío para esta vida actual. Es volver a sentir el susurro de voces quedas, el roce de la seda de los trajes y el chirriar de las armaduras. Techos con nervaduras talladas, suelos de lozas negras y enormes chimeneas que aún parecen transmitir calor a las amplias estancias.
Castillos del Loira, la magnificación de otra época en estado puro. Castillos para pensar en lo que fuimos y dejamos de ser, para dejarse llevar por la imaginación y vivir en otra dimensión ya perdida.
Castillos del Loira conseguisteis transportarme y reencontrarme conmigo misma en un ambiente de espiritualidad y de historia.
Y allí, a vuestros pies, corren humildes las aguas del Loira.












