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Archivos de: Abríl 2007

Dos A La Derecha, Uno A La Izquierda

por diariodeunpasado @ Viernes, 27. Abr, 2007 - 21:07:27


Kerouacs - Isla De Wight (Castellano)

Comienza a sonar la música y tus manos me toman por mis casi impúberes caderas y me acercan a ti. Siento la calidez de ellas a través de mi falda a cuadros escoceses y mi corazón se agita loco a la par que mis temblorosas manos se apoyan en tus hombros. Nuestros cuerpos no se rozan. Comenzamos a bailar. (Dos pasos a la derecha y uno a la izquierda). Baile de adolescentes. Ambos con trece años mal contados y un nuevo e intenso sentimiento en mi corazón: Tú.

El ventanal de la estancia se encuentra abierto. Acaece la tarde y por él se cuelan los rayos del sol que ya caminan bajos dejando ver pequeñas partículas doradas danzando suspendidas en el aire. Tus manos me sostienen con más firmeza y yo, con cierto pudor apoyo mi barbilla en tu hombro. Aspiro tu perfume, olor a limón verde que quiere definirse como de hombre. Continuamos danzando, (siempre dos pasos a la derecha y uno a la izquierda). Mis ojos perciben el azul celeste de tu jersey, el suave vello de tu cuello, tu incipiente barba recién rasurada, tu pelo castaño que se mezcla con el negro del mío, y que por la magia de los rayos del sol se vuelven rojizos, refulgiendo por entre ellos destellos de oro.

Imagino como sería poder mirarme en esos tus ojos que tanto me fascinan, ojos entre miel y musgo, mágicos de verdor o de caramelo según la luz que los ilumine. Una risa nerviosa me hace perder el ritmo del baile (vamos sigue, empezamos ahora por la izquierda: Uno a la izquierda dos a la derecha).

A veces nuestras piernas se rozan y una corriente eléctrica recorre mi espalda.

Y yo continúo el baile sin sentirlo, porque lo que siento son tus manos en mi cuerpo, tu cálido aliento en mi cuello y tu voz cantando a par que kerouacs. Entonces quisiera tener el valor de decirte que me gusta tu voz, que me gusta cuando te veo cantar con tu guitarra en el grupo del que formas parte, que imagino que las canciones que cantas, las cantas para mí, en ese tono melodioso que tanto me fascina. Pero mi cuerpo que empieza a despuntar de mujer aún guarda dentro de sí la inocencia y el candor de una niña y me falta el valor. Y callo y no te digo nada de eso, ni de que sueño todas las noches contigo, ni de que tiemblo cuando me cruzo contigo por las mañanas camino del instituto, y que cuando nos reunimos la pandilla cada tarde, tu presencia agita mi pecho y hace galopar a mi corazón.

Me conformo con sentirte así, cerca pero sin rozar nuestros cuerpos (dos a la derecha, uno a la izquierda). Eso es lo máximo a lo que aspiro. No hay cabida en mi mente para nada más. Desconozco que haya algo más.

El sol se va apagando a la par que la música agoniza. Todo va quedando en penumbras y yo siento tener que separarme de ti.

Luego, ya de noche y en mi alcoba recrearé una y mil veces la escena, cantaré la canción una y mil veces para que su melodía me lleve de nuevo a tus brazos, y rogaré que pase la semana rápido para que llegue pronto el nuevo parting del fin de semana, y si tengo suerte, bailarás de nuevo conmigo.

Nunca llegaste a amarme. Yo a ti inmensamente. Nunca lo supiste.

Ahora, al cabo de tanto tiempo pasado, cuando por cualquier motivo acudo al Centro de Salud donde ejerces tu especialidad de médico, y me tropiezo contigo en los pasillos y nos saludamos, la canción de Kerouacs vuelve a mi mente y la revivo como aquella tarde y tengo que taparme la boca para no decirte : Dos a la derecha y uno a la izquierda.


 
 

Lo Que Tú No Sabes

por diariodeunpasado @ Jueves, 26. Abr, 2007 - 21:48:26

Fíjate que tú no sabes que casi sin darme cuenta pienso en ti. Y resulta que cada vez que me despierta el nuevo día mis pensamientos se escapan de mi yo más escondido y vuelan a tu lado para darte los buenos días y preguntarte si has descansado bien.

¿Y sabes qué? Pues que vuelo con ellos y llego junto a ti,  y me apoyo en el quicio de la puerta de tu dormitorio para ver como duermes. Y me quedo allí quietecita, sin hacer ruido para no despertarte y poderte contemplar a placer. Tu respiración el pausada y tranquila. Me pregunto con qué o con quién estarás soñando, quién será la dueña de tus ilusiones, quién la compañera con la que compartes tu vida….

Te agitas un poco en tu sopor y yo me sobresalto. Tal y me parece que eres consciente de mi presencia y que me vas a descubrir. Me quedo totalmente quieta, ni siquiera respiro, pero te sigo observando.

Me recreo mirando esos párpado cerrados que ocultan tu mayor tesoro, tu pelo desmadejado fundiéndose con la almohada, tu brazo coronando tu cabeza, tu mano laxa descansando al borde de la cama…Y siento unos deseos incontenibles de sentarme a tu lado y posar dulcemente un beso en tus labios entreabiertos. Me acerco un poco, me inclino… pero solo tengo valor para besar la punta de tu dedo. Te agitas de nuevo y yo salto como puedo hacia la puerta, los zapatos de tacón en la mano, huyendo de hacer algún ruído.  Me giro para mirarte de nuevo y te lanzo un beso. Ojalá y esta vez acierte en tu jugosa boca.

Con un cierto deje de tristeza te digo adiós, pero antes, me pasaré por tu cocina para dejarte el desayuno preparado: Un café bien cargado y un bizcocho hecho de suspiros de sueños.

Acorralada

por diariodeunpasado @ Jueves, 19. Abr, 2007 - 21:06:51

Oigo sus pasos deslizarse por la estancia alfombrada. Casi no emiten sonido alguno pero yo los oigo, ya no sé si debido a un sexto sentido o al pánico que me hace agudizar los cinco que tengo. Estoy asustada. No, asustada no, estoy aterrada. Acurrucada en el hueco que queda bajo la mesilla que está justo al lado del brazo del sofá. Me abrazo a mis rodillas y me enrosco como un caracol, deseando serlo y poder así esconderme dentro de mi concha, alejada del peligro y del miedo.
Se acerca. Sigilosa y sibilinamente se acerca. Yo no puedo verlo pero lo delata su agitada respiración y no me hace falta utilizar la vista para saber como se dilatan sus orificios nasales a cada salida de aire. Un violento resoplido se escapa de su boca al no encontrarme. Ahora veo sus piernas paradas delante de mí. El sudor frío y cortante recorre mi espalda. Noto como se eriza el vello de mi cuerpo y como miles de aguijones como puntas de alfileres avanzan galopantes por mis extremidades.
Cierro los ojos con fuerza para esconderme aún más, pero él aún no se ha percatado de mi presencia. Avanza unos  pasos hacia la izquierda y se sienta en el sofá, justo a mi lado. Entre sus piernas sostiene la escopeta de caza. Él es cazador. La punta de su pie pedalea impacientemente contra el suelo. Yo, intento no respirar.
No sé el tiempo que ha pasado ni cuanto he permanecido esta situación. Mis miembros están entumecidos por mantener la misma postura. No quiero moverme.
El hace rato que comenzó su demente monólogo tan familiarmente conocido por mí.
Lo pone en marcha cada vez que consume sustancias y lo convierten en otra persona que no es él. Me insulta y me acusa de todas las barbaries que le hacen creer la irrealidad de su mente. Me dice que de ésta no me escapo, que va a terminar conmigo, que me va a enviar al lugar dónde debo estar: bajo tierra.
Las lágrimas se escapan de mis ojos al compás del pedaleo de su pie. Intento contener el temblor de mi cuerpo y los sollozos que se agolpan entre mis pulmones. El oye algo; se incorpora y mira en derredor. Dos pasos a la derecha y de nuevo se sitúa frente mí pero aún no me ha visto. Me llega su perfume Eternity de Calvin Klein mezclado con olor a sudor y a alcohol. Un leve suspiro se escapa de mis labios. Entonces él mira hacia abajo y me descubre.

 

- Te cacé, perra.

De una patada vuelca la mesa y me deja sin cobijo e indefensa. Me apunta con la escopeta. Extiendo los brazos hacia el frente en un vano intento de protegerme aún a sabiendas de que es imposible, que no tengo escapatoria, que mi final está próximo….
Un fogonazo rojo-azulado ilumina la estancia y me empuja con violencia hacia detrás. Caigo de costado y el se aproxima parándose a mi lado mientras me mira.
Todo está de nuevo oscuro y una risa de locura demoníaca sale de su pecho como un estertor elevándose cada vez más en el tono. Luego todo queda en silencio.
Sé que ya casi ha terminado todo, más aún así espero unos segundos. De repente todo se ilumina y él se acerca tendiéndome una mano a la que yo me aferro con fuerza. Tira de mí y hace que me incorpore a su lado.

Entonces comienzan a sonar los aplausos y veo que una noche más el público se ha puesto de pie mientras aplaude. Tomados de la mano nos acercamos al extremo del escenario y saludamos sonriendo abiertamente.

Una noche más la función ha sido un éxito.

Para La Gata

por diariodeunpasado @ Miércoles, 18. Abr, 2007 - 21:46:34

4



Frank Sinatra - Happy Birthday

Que este año que ha llamado a tu puerta
llegue cargado de toda la felicidad que mereces
Y los demás que tengas que cumplir,
toda la que no tuviste en su día.

Ahora No

por diariodeunpasado @ Martes, 17. Abr, 2007 - 20:23:22

 

 

Eras mi vida y no querías darte cuenta; eras la razón de mi existir y evitabas a la vez tu existir al unísono conmigo; eras mi único pensamiento y te empeñabas en opacarlo negándome los tuyos.
Me entregué a ti en cuerpo y alma y tomaste de mí solamente el envoltorio que no te comprometía a nada.
Te ofrecí mi estrenada juventud, mi prematura madurez, mi frescura de mujer mi belleza y mi amor.
Te lo di todo y no apreciaste nada.

Entonces me alejé con mi dolor a cuestas, dolor que sufrí durante mucho tiempo en el silencio, hasta que conseguí dejarlo adormecido, aletargado y semi-escondido en los entresijos de mi historia.

Y ahora quieres volver.
Ahora que nuestra sienes marchitan y nuestra piel se aja; ahora que tan solo somos esperpentos de lo que fuimos.
Ahora quieres jugar como joven lo que cuando joven no quisiste jugar como adulto.

Ahora no Gitano, ahora no.

Ahora ya es tarde.  

Amar Duele

por diariodeunpasado @ Sábado, 14. Abr, 2007 - 21:59:23
Para vosotros, R., viajero del tiempo  y para tí C. mujer de sentimientos profundos, que os mereceis lo mejor salvando los obstáculos de la distancia.
Hebrea





Falete - 08 - Amar duele

Amar duele, Amar duele
y vivir sin tu amor
no se puede.

Amar duele, amar duele
y vivir sin tu amor
no conviene.

Necesito tus besos,
necesito el calor
necesito caricias,
tus caricias de amor.

Amar duele, amar duele
pero vivir sin tu amor
no conviene

Amar duele
Ay
amar duele
y vivir sin tu amor
no se puede.

Sufre el enamorado
si el amor es robado,
tener una ilusión
cuesta muy caro.

Amar duele, amar duele
pero vivir sin tu amor

no conviene.

Amar duele, amar duele
y vivir sin tu amor
no se puede.

Amar duele
Amar duele
Y amar duele.

El Pozo

por diariodeunpasado @ Martes, 10. Abr, 2007 - 21:19:03


 
Hay algo en el pozo. Lo sé.

Es un pozo con brocal de piedra ya pulida por el uso y de una profundidad infinita. Una gruesa soga cuelga del carril llevando anudada en cada uno de sus extremos una cubeta de madera con asa de hierro. Mi madre tiene engalanado el brocal con distintas macetas de geranios y me tiene bien aleccionada para que no me asome al fondo. Me dice que en lo más hondo vive la bruja y que se lleva a los niños que se acercan y no los devuelve jamás. Yo sé que no es la bruja lo que hay en el pozo. No sé que es, pero la bruja no; estoy segura.
A veces y cuando nadie me observa me asomo; para ello tengo que ponerme de puntillas y alzarme. Me asomo y una bocanada de aire fresco y húmedo de azota el rostro.  Es sumamente oscuro y hondo y sus paredes, perforadas en la roca viva, lucen pedregosas y mojadas, cubiertas de musgo. De cuando en cuando se deja ver algún helecho de esos que mi madre llama “helecho de pozo”. Y allá a lo lejos, al fondo, el agua brilla como si fuese un espejo que refleja la claridad de arriba.
Entonces me retiro rápidamente porque mi piel se eriza y tiemblan mis piernas cuando comienzan los lamentos. Provienen de la profundidad y se expanden a través de la negrura hasta llegar a la superficie, fríos, lúgubres, dolorosos, semejando garras de acero que se cuelan en mi mente infantil para quedarse allí a veces durante mucho tiempo. Me tapo los oídos y corro a esconderme entre las macetas de apidistras que adornan el patio, y allí me quedo hasta que dejo de escuchar los quejidos en mi cabeza.
Observo a mi madre cuando saca agua con las cubetas tirando de la soga. Ella parece que no oye nada pues siempre canta mientras sube las cubetas: Una estrofa y tirón a la soga. Y el pánico en mi corazón tan sólo de pensar que en la cubeta podría venir enganchado algún lamento. Pero nunca trae nada aparte de agua fresca y clara.

Bebe – me dice mi madre – Y yo bebo con más miedo que sed saboreando la frescura y la humedad de las profundidades.

- Es la bruja – me dice cuando le cuento lo que yo oigo – es para asustarte y que no te asomes.

Yo sé bien que no es la bruja, no sé que es, pero la bruja no.

Hay noches, como ahora, en las que siento mucho miedo porque los sonidos guturales parecen provenir con más fuerza y se hacen eco bajo las sábanas de mi cama. Los he oído renacer desde lo más hondo del pozo y serpentear en el aire hasta llegar a mi alcoba. Entonces me he enroscado sobre mí misma y he tapado mis oídos para no escucharlos, tal y como hacía las ocasiones en las que papá y mamá discutían y gritaban tanto.
También entonces sentía mucho miedo; miedo de que papá hiciera cualquier cosa a mamá, porque siempre estaba diciendo: “Un día te mato”.
Pero eso nunca ocurrió. Mi mamá está viva y estamos felices las dos juntas desde el día en que mi papá desapareció y no volvió nunca más. Mi mamá dice que cualquier día aparece, y mientras lo dice, la veo esbozar una sonrisa mirando al brocal.

No, ya no oigo las disputas de ellos. Ahora oigo los lamentos del pozo.

Y yo sé que la bruja no es.

El Hombre Del Agua

por diariodeunpasado @ Viernes, 06. Abr, 2007 - 10:31:18

 

 

En determinado momento el hombre comenzó a sentir sus brazos cansados y se detuvo por un instante para retomar fuerzas. No lo consiguió. Notaba los miembros entumecidos y adormilados. Miró en derredor y ante sus ojos solo se le mostraba la inmensidad del agua. Al fondo, muy en la lejanía, los contornos verde azulados de la vegetación del parque. La orilla casi ni se divisaba.
Siempre se había sentido del agua. Era del agua. Tal vez porque nació del agua o por eso de que la mayor parte de nosotros somos agua, él era agua.
Desde niño, el pequeño aprendiz de monje y de profeta era consciente de la fascinación que le provocaba el agua…

(…hermano, hermano ¿dónde estás? Oigo su voz infantil llamarme a lo lejos. Meto mi pequeña mano en el agua y el agua está fresca, fresca. Una salamandra se escurre  por el fondo ante las ondas que produce mi mano. Toco el fondo de arena y tomo un puñado que se escapa por entre mis dedos arrastrada por la corriente. El agua fresca y cristalina. – Estoy aquí, en el río. No, no me caigo ¿no sabes que soy del agua?...)

…Era del agua y pensó que no debería haber nadado tan adentro, tan al centro del lago. Se vuelve traicionero allí donde se refleja el azul del cielo opacando el verde del entorno, se forman pozos y remolinos que tiran de ti y te arrastran hacia un mundo oculto y peligroso.  Pero el lago lo llamó y él acudió a su llamada sin ser consciente de lo que arriesgaba. Hizo un intento de gritar y su cavidad bucal se inundó inmediatamente de agua dulce con sabor a musgo y a humedad, haciéndolo toser. Ante el espasmo su cuerpo se hundió un poco y sus ojos de empaparon de cristal líquido. Su pié tocó helechos acuáticos…

(…los helechos acuáticos bailan al compás del agua. Hago una visera con mis manos en mi carita de niño y la acerco a la orilla del estanque para ver el fondo. Algas espesas y verdes ocultan guijarros y chinarros; por entre sus entresijos puedo ver a la boguita colorada. Sumerjo mis dedos y le toco el lomo encarnado - ¡Madre, madre, que la he tocado…)

…Tocó su cuerpo ramajes sumergidos en los que se enredó y le pareció que lo arrastraban hacia el fondo. Alzó los brazos en un fallido intento de asirse al aire y volvió a sumergirse en la oscuridad. Nueva bocanada de agua. Esta vez la sintió colarse fría por entre sus cavidades y acomodarse en su interior, inflándolo como un globo infantil.
La orilla… estaban en la orilla y no se percataban de su tragedia…. no lo miraban.
El sintió que iba a perderlo todo…los pulmones le pesaban y su vientre parecía llenarse a cada tragantada de agua. Se sintió desfallecer y creyó que el agua le ardía en la boca….

(…la boca me arde por la sed y voy corriendo al canal del molino por donde el agua corre cristalina sobre un lecho de piedras y algas. La cojo con el cuenco de la mano y bebo y bebo hasta saciar mi sed. Está fresca y limpia. Me descalzo y meto los pies en ella y de inmediato son acariciados por la corriente. Dulce caricia la del agua en mi piel impúber que despierta los sentidos de mi mente. Y siento ella será mi vida…)

…Su vida sería el agua. Su fin sería en el agua. El agua lo envolvía y lo arrastraba cada vez más abajo. No pensó en Dios ni en ningún otro mundo. Tampoco sintió dolor o pena por lo que dejaba. Ahora sería agua… se dejo llevar…. No se despidió de nada ni de nadie. Un camino nuevo se abría ante él.
Un fuerte tirón lo llevó de nuevo a la superficie y alguien hizo que sus pulmones expulsaran el (su) agua y se llenaran de nuevo de rico y puro oxígeno. Abrió los ojos y el mundo del aire lo recibió de nuevo entre sus brazos. Arriba, en las alturas, el cielo lucía con el límpido azul del mar….

(…El límpido azul del mar… lo miro extasiado desde la arena y mis piernas infantiles corren raudas hasta la orilla. Encajes salados me golpean y salpican, mojando mis pantalones cortos. Pateo las olas  y entierro los dedos de mis pies entre la arena mojada. Mi madre me llama a lo lejos y su voz de pierde entre los graznidos de las gaviotas. – Voy madre – Y deseo con todas mis fuerzas ser pez para adentrarme en los misterios marinos y reunirme con las sirenas…)

Penitente De Martes Santo

por diariodeunpasado @ Martes, 03. Abr, 2007 - 10:04:51

cruz semana santa

Ella, a pesar de su juventud, salía cada Martes Santo de penitente. Túnica negra y capucha negra ocultando su cara. Un grueso cirio morado en su mano izquierda y apoyado en su cintura. Dos cruces atadas entre sí cargadas sobre su hombro derecho. Sus pies, descalzos.
Y hacía estación de penitencia durante 13 largas horas tras su Cristo, su Cristo del Perdón, el de su barrio, el que caminaba delante de ella clavado en la cruz, agonizante y elevando su mirada al cielo.
Ella miraba al suelo. No levantaba la vista durante todo el recorrido, no veía a nada ni a nadie. Tan sólo las puntas de sus pies descalzos que se llenaban de ampollas al pisar la cera caliente que chorreaba de los cirios de los penitentes.
Cuando su cansada espalda le pedía cambiar las cruces de hombro vislumbraba la silueta del Crucificado recortada en las alturas. Veía a contraluz sus agarrotadas manos sobresaliendo del madero al que estaban clavadas, y del que ni siquiera intentaban escaparse. Veía como su cuerpo se contoneaba en una mueca grotesca, delirante, tal vez incapaz de soportar más dolor. Y ella volvía de nuevo la vista al suelo y lloraba en silencio. Lloraba por el sufrimiento de esa figura que tenía ante sí, porque quería hacer un poco su dolor de ella para aliviarle así en lo posible.
Entonces rezaba. No con oraciones sino con ese monólogo puro que sale de lo más profundo del alma, del interior más escondido, y daba gracias a ese su Cristo, su Cristo del Perdón por la bondad que había derramado sobre ella, y le decía también en silencio que ese sacrificio que hacía era para compartir con él su agonía y que no se sintiera tan solo, que supiera que estaba a su lado y que lo acompañaría siempre en tan amargo Cáliz.

Un día, y sin motivo ni explicación, porque los Cristos no dan motivos ni explicaciones, su Cristo, su Cristo del Perdón le arrebató a quién le había dado la vida.

Otro día,y también sin motivo ni explicación porque los Cristos no dan motivos ni explicaciones, su Cristo, su Cristo del Perdón le arrebató la joven vida que ella había creado en su vientre.

Ya no sale de penitente descalza con la túnica negra y dos cruces atadas cargadas al hombro. Ya no mira la silueta agonizante recortada en las alturas.
Ahora camina con su vida por senderos pedregosos y punzantes que no le dañan los pies sino el corazón. Ahora carga sobre sus hombros la pesada cruz del desgarro de la ausencia. Ahora sus ojos solo ven la crudeza de la traición, porque su Cristo del Perdón no la ayuda a hacer más ligera su pena, ni le sostiene el madero de dolor que porta sobre su alma.

Ya no cree en su Cristo, Su Cristo del Perdón.

(Tú sabes que ésto va para tí desde lo más profundo de mis sentimientos, mi querida. mi amiga. mi hermana)

La Loca

por diariodeunpasado @ Lunes, 02. Abr, 2007 - 09:30:07


La vistieron toda de blanco porque decían que estaba loca.

La vistieron de blanco porque el blanco es el color de los locos, el color que simboliza la locura.

Y ella se dejó hacer.

Como estaba loca no tenía noción del tiempo ni del espacio.

Su mente vagaba en el limbo de lo abstracto, mezcla de colores y de destellos luminosos, con rendijas por las que se colaban fogonazos de imágenes ya perdidas en el tiempo.

No sabía en que playa quedó varado su pensamiento, ni en que momento dejó de ser presente para convertirse en pasado, porque su conocimiento ya no tenía latido.

Tampoco sabía que motivo la había convertido en ausente de mirada perdida, vagando por los entresijos de olvidados recuerdos que no penetraban en su luz.

Dejó de ser y dejó de estar. Cambió su consciente realidad por la bruma oscura de lo que se mantiene oculto. Y dejó de pensar y de sentir.

Pero a veces, escasas veces, una ranura de brillo se abría ante tanta oscuridad. Entonces ella sabía, que allí, muy escondido, había un dolor en su corazón.

Y se daba cuenta que la habían vestido de blanco.


 
 

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