Búsqueda blog.com.es

Archivos de: Octubre 2006

En La Madrugada

por diariodeunpasado @ Lunes, 30. Oct, 2006 - 14:03:22

Desperté como es habitual en mitad de la noche y note tu ausencia. La cama se me antojó demasiado ancha para mi cuerpo encogido por el frío. Mis ojos se abrieron a una persistente oscuridad y mientras intentaban habituarse a ella, escuchaba el viento pasar a ráfagas en la calle. Intuí que a su paso arrastraba inmisericorde las últimas hojas caídas. Hasta podía oír el sonido que producían en su carrera hasta dónde él quisiera llevarlas. A veces ese sonido se mezclaba con el del balanceo de las ramas. Sonaba como una ligera sacudida, como provocando desprenderse de las hojas que perezosas se negaban a dejarse caer.
Poco a poco mis ojos fueron dilucidando los contornos de los pobres y escasos muebles de mi alcoba. Allí al fondo había un leve atisbo del espejo que coronaba la cómoda. ¡Cuantas veces reflejó mi silueta cuando tú y cómo un intruso, me observabas desde el quicio de la puerta! Yo me sentía un poco avergonzada ante tu mirada aunque siempre (algo habitual en mí) intentaba hacer cómo que no me daba cuenta.
Siguieron mis ojos recorriendo la estancia mientras mi corazón te llamaba.
El pequeño taburete seguía dónde siempre y la lámina enmarcada representando un ramo de girasoles aparecía en la oscuridad cambiando su color amarillo brillante por un pajizo avejentado.
Yo siento que todo se envejece en tu ausencia.
¡Te extraño tanto desde que te fuiste…..!
Ahora me fijo en la mesilla de noche. Tu mesilla. Aún conserva tu libro señalado por la última página que leíste. A su lado, tus lentes, que una vez ante tus ojos engrandecían el iris azulado y lo volvían tornasol.
Esta casa al igual que yo, se quedó vacía sin ti. Y yo me siento perdida. Perdida y confusa. Ya me di por vencida y los días pasan por mi vida, vacíos y carentes de sentido.
Tan sólo me da un ápice de energía el esperar la noche. Ya es un ritual. Despertarme a la misma hora, recorrer a oscuras los objetos de la estancia, así, poco a poco, analizándolos, dejando el rincón derecho para el final.
Dirijo mi mirada hacia allí. Está la mecedora que nos regaló tu madre en nuestro primer aniversario. Y también allí, y como cada madrugada, estás tú. Tranquilo, impasible, meciéndote suavemente mientras me miras. Mantienes la pierna derecha cruzada levemente sobre la izquierda. Parece que no te pesara. Tu postura es relajada y serena. No hablas, no sonríes, pero tu mirada me transmite la paz que necesito.
No hay conversación entre los dos porque no existen las palabras entre nosotros; aún así yo te digo cuanto te extraño y que solitaria es ahora mi existencia. Te digo que quisiera cambiarme por esas hojas sin rumbo arrastradas por el viento porque así tendría un destino. Mi vida ahora se limita a esperar la hora de la madrugada en la que despierto.
Tus ojos no se apartan de mí. Me dices que tranquila, que solo es cuestión de tiempo, que un día volveremos a estar juntos.
¿De veras? – mi pregunta es más la aseveración de una duda.
Tu aseguras que si.
Me dices que me duerma de nuevo, que tú velarás como cada noche mi sueño, que no me has dejado de amar……
Mis ojos se cierran y comienzo a entregarme a los brazos del sueño. Fuera ha cesado el viento pero una fina llovizna salpica en los cristales.
Me duermo con la tranquilidad que me da el saber que estás a mi lado.

Mañana seguramente tendrá las mismas dudas de siempre. ¿Lo he soñado? ¿Era él en realidad? Sin embargo dentro de mí tengo la certeza de que todo es real. Tan real como que un día (posiblemente en otra dimensión) volveré a estar contigo.


 
 

Ven

por diariodeunpasado @ Miércoles, 25. Oct, 2006 - 21:10:40

- ¡Ven! – le dijo – No tengas miedo.

A través del blanquecino rayo de luz pudo ver una silueta opaca que le resultaba familiar. Dentro de su maltrecha mente sintió resurgir recuerdos de su más tierna (y no tan lejana) infancia.
La silueta que lo llamaba le traía oleadas de amor y de mimos, de protección y de juegos, igual que antaño.
Se sintió tranquilo.
No podía abrir los ojos pero tampoco le hacía falta para ver como se acercaba a él con la mano extendida.
La voz volvió a hablar:
- ¿Recuerdas cuando desde la ventana me buscabas mirando al cielo?
- Si – contestó pero no con la voz de sus cuerdas vocales sino con la voz de su mente.
- Allí estaba yo. Te veía y respondía a tu llamada. Tú no podías verme a mí, no había llegado tu hora.
- ¿Y ahora?
- Ahora sí. Dame la mano. No tengas miedo. Estoy contigo y te guiaré. Confía en mí.
- Sí abuelo, siempre lo hice.

Una ingrávida energía lo arrastró a través del túnel.

Ambos se juntaron y se alearon en una nueva dimensión desconocida para él pero que le producía plenitud y serenidad. Se sentía feliz y tranquilo. De nuevo juntos, para no separarse jamás por los tiempos de los tiempos.

Ahora son dos los que nos miran desde el cielo.

Viento Loco

por diariodeunpasado @ Lunes, 23. Oct, 2006 - 19:44:59

Loco sopla hoy el viento.

Parece que en un delirio
Se tornó más violento,
Que pasó de suave de brisa
A ciclón en un momento.

Sopla con furia salvaje
Barre, arrastra, bate, eleva,
Lo que le sale al encuentro.

Revolotea en mi falda
Azota fuerte mi pelo
Y se me cuela en el alma
Se me mete aquí, muy dentro,
Me congela las entrañas,
Juega con mis sentimientos
Y me arrastra en su locura
Con pesados pensamientos,
Provocando un gran vacío,
Extraño presentimiento:
No sé dónde están los míos,
Hacia que lugar partieron
Aquellos que se ausentaron
Pero que un día estuvieron
Esos seres tan queridos
Esos seres que se fueron.

Loco sopla hoy el viento

Sin Esperarlo

por diariodeunpasado @ Miércoles, 18. Oct, 2006 - 12:36:59


Vio llegar la muerte y fue consciente de cuantas cosas le quedaban aún por realizar.
Sintió que el tiempo vivido no había sido suficiente para completar todas sus ilusiones, sus anhelos, sus deseos inconclusos.
Y es que nadie espera morirse.

Se le presentó así de pronto, sin avisar, sin una señal de que se acercaba su final.
Al dormirse en su butaca como cada día después del almuerzo, proyectaba un despertar apacible, el sabor de un humeante y espeso café y la lectura de su fiel compañero, el libro, antes de salir a recoger a su nieto del colegio. Su nieto. Esa pequeña y revoltosa pasión que llenaba su vida. Su nieto y la universidad. En la tercera etapa de su vida se hizo universitario porque sentía un tremendo afán por aprender y porque pensaba que siempre había cosas en la vida para seguir cultivándose, formándose como persona, educándose moralmente y poco a poco prepararse para el final, que aún consideraba lejano.
A pesar que la vida pasaba por su cuerpo él sentía que su espíritu seguía igual de joven que cuando era niño, adolescente, y rebosaba juventud. El tiempo no pasa por la mente ni por el alma.Que iluso había sido. En su afán por vivir intensamente cada momento, cada instante, había obviado que nada es permanente, que lo esfímero es lo primordial en este revoltijo de sinrazón, que todo tiene su fín.
Por eso cuando abrió los ojos y vio ante sí la Dama de la Guadaña la realidad cayó sobre él como una loza.
Ella estaba allí, tranquila, paciente, esperando simplemente que él se preparara para acompañarla por un camino sin fin. La miró resignado y de sus ojos escapó una lágrima. Una lágrima de despedida para todos y todo lo que dejaba tras de sí. Una lágrima para aquellos que lo encontrarían desmadejado en la butaca cuando llegaran a casa.

Se incorporó lentamente y asió la mano que ella le tendía. Juntos partieron hacia otra dimensión.

Amor Prohibido

por diariodeunpasado @ Lunes, 16. Oct, 2006 - 13:19:24


Había ocasiones en que no necesitaban hablarse para saber que estarían juntos. Al primer cruce de miradas intuían que ese día se amarían locamente. Se aceleraban sus corazones y se les removían las entrañas. Las manos temblaban imperceptiblemente.

Y sus ojos…

Sus ojos quedaban clavados mutuamente aleando colores aguamarina y chocolate. Era difícil desprender la mirada de esos ojos, por eso cada vez que se cruzaban un potente imán los arrastraba.

Luego la oscuridad del avanzado crepúsculo, el vaho emanando del suelo ante la humedad de la noche, un techo de estrellas y de constelaciones alumbrando dos almas enamoradas, ahíta de pasiones reprimidas y que ahora estallaban en brillantes fuegos artificiales.

El, Ella y su amor prohibido.


 

La Rompiente

por diariodeunpasado @ Jueves, 12. Oct, 2006 - 09:42:06



Salió de la oficina y como cada tarde se dirigió hacia el acantilado. A estas alturas del día se sentía asfixiado por la atmósfera espesa de las luces de neón y el humo de los cigarrillos. Necesitaba oxígeno y aire descontaminado que no encontró mientras cruzaba la ciudad en auto hasta llegar al descampado. Allí se apeó, y también como cada tarde, comenzó su lento caminar hasta el desfiladero. Sus pulmones comenzaron a llenarse de pureza y él a disfrutar del paseo sintiendo en su piel la brisa húmeda del mar y en sus labios el sabor del salitre. También como cada tarde se sentó en la roca a contemplar el horizonte. Y a esperarla. Era la ilusión de esa vida monótona y negra en la que vivía desde que ella dejó de estar a su lado.

Una gaviota cruzó el cielo graznando y el sol comenzó a descender allí donde parecía terminar el mar. El mar de hoy andaba embravecido y revuelto, tanto, que a veces las enfurecidas aguas que se lanzaban en violenta lucha contra la rompiente le llegaban a salpicar. Tal vez, se dijo, por las densas nubes que se aproximaban amenazadoras en la lejanía. Mañana quizás descargaría tormenta más ahora, el crepúsculo dorado lo envolvía todo.

De repente, y como sin sentirlo, ella estaba tras de él. Se sentó en el suelo, a su lado. El le rodeó los hombros con su brazo y ella apoyó su cabeza en él. Le besó el pelo y sitió muy dentro el olor a lavanda que emanaba de ella. Beso su frente, sus mejillas, sus labios…. Teniéndola así tan cerca y sintiéndola tan suya, no alcanzaba a comprender el porqué de su partida. Ocurrió sin esperarlo; de repente una mañana, al despertar, ella ya no estaba a su lado. Había dejado todas sus pertenencias: su ropa, su teléfono, sus libros, su bolsa de aseo…hasta su documentación, más sin embargo no había dejado ni una miserable nota para él, ni una explicación, ni siquiera un misericordioso adiós. Y ahí comenzó su calvario. La esperó día tras día sin resignarse a su abandono. Se pasaba las noches acariciando sus prendas, oliendo su perfume, mirando sus fotos, gritando su nombre y suplicando su regreso. Pero ella no volvió. En ese momento comenzó a descender por el pozo negro de la rutina. Vivía sólo porque hay que vivir aún sin querer hacerlo.

La desazón de desconocer el porqué del abandono hizo a su vez que él se abandonara también. Dejó de salir a la calle, de asistir al trabajo, de asearse e incluso de comer o realizar las acciones más vitales como hablar o dormir.
Y sin saber cómo ni porqué motivo, un día sus pasos lo encaminaron al acantilado. Y allí estaba ella, tranquila y relajada descansando en la roca con la vista perdida dirección al mar. Fue como si nunca se hubieran separado y desde entonces se encontraban cada atardecer en el mismo sitio. Ella nunca ofreció una explicación. El tampoco se la pidió; se conformaba con sentirla así, tan cercana y a la vez tan ausente
Y sobre todo tan suya. Solamente suya.

Se ocultó el sol y comenzaron a penetrar las sombras entre las rocas. En la negrura del abismo las crestas de las olas simulaban abanicos de blancos encajes moviéndose al acompasado vaivén de alguna mano femenina. Ambos observaban desde lo alto. El la apretó contra sí.

(No puedo vivir sin tí; fuistes mi compañera, ¿por qué me dejastes solo?
(No quise dejarte solo. Eras mi compañero ¿por qué también mi verdugo?

En sus ojos apagados pudo ver vagamento el mismo miedo que aquella lejana tarde emanaba de ella.
El hombre quedó unos instantes pensativo, interrogante, sin respuestas dentro de la mente. Todo en su interior estaba negro. 

De repente y como un flach se abrió una grieta en la negrura de su interior y a través de ella se vislumbró a sí mismo aquella tarde empujándola al vacío.

(Llévame contigo, te necesito - le dijo quedamente)
(También yo te necesito - susurró ella asiénmdole fuertemente la mano -Ven)

Lo arrastró consigo en su vertiginoso salto. Abajo, el mar los esperaba formando un lecho de espuma blanca.

 

Algo En La Noche

por diariodeunpasado @ Lunes, 09. Oct, 2006 - 20:36:13

Comenzó a gruñir el perro y ella levantó la vista del libro que leía para observarlo. El animal retrocedía despacio con la mirada puesta en la puerta entreabierta de la habitación. Tenía el corto pelo erizado y el rabo escondido entremedio de las patas. La cabeza gacha. Ella dirigió la vista hacia donde él miraba y no divisó nada aparte de la oscuridad reinante en el pasillo. Luego miro hacia la ventana y comprobó que la madrugada era opaca y electrizante: Amenazaba tormenta.
Le tocó con dulzura el lomo y éste se estremeció. Temblaba. Ella se sobresaltó.
A través del cristal de la puerta presintió inseguridad y se arrinconó en una esquina del sofá. Los gruñidos no cesaban. Su corazón comenzó a latir locamente y un extraño hormigueo recorrió su cuerpo. Con voz queda preguntó -¿quién hay?- por respuesta el silencio.
Tuvo la certeza de que nuevamente había algo fuera de la habitación. Se lo decía su mente, se lo decía su cuerpo que se cubrió de un frío y fino sudor. El perro empezó a gemir entre gruñido y gruñido, el cuerpo en tensión, con miedo.
No sabía cuanto tiempo pasó así. Seguramente fueron minutos pero a ella se le antojaron eternos.
En un momento dado tuvo la valentía de levantarse y dirigirse al sitio. El perro la siguió sin dejar de gruñir y siempre detrás de ella. Sacando impulso encendió la luz del pasillo. No había nadie. Solo silencio. Notó que la presencia se alejaba y a la par que se relajaba su cuerpo. El animal dejó de gruñir.
Descargó el trueno y la lluvia comenzó a empaparlo lo que encontraba a su paso.
Por esa noche ya había terminado todo.
Se estremeció tan sólo de pensar en la siguiente.

Se Va De Nuevo

por diariodeunpasado @ Jueves, 05. Oct, 2006 - 20:55:10

Mi hijo me acaba de anunciar que mañana viernes en la noche se marcha de nuevo de viaje.
No me gusta que conduzca de noche. Me da un pánico atroz, lo que quiere decir que desde este momento hasta mañana sobre las 12:50 pm que llegará al destino no descansaré tranquila. Y eso suponiendo que no se demore en la salida, que de ser así, no respiraré en toda la noche.
Y mira que quiero mentalizarme de que todo ésto es ley de vida, pero nada.
Y no es que yo sea una madre supe protectora. Tan sólo es que siento mucho miedo a lo que no quiero ni pronunciar.

Pero así es la vida. Así somos algunos padres y así son los hijos.

Por regla general no suelo escribir sobre estas cosas y de una manera tan directa, pero ahora mismo no he podido evitar el descargarme aquí.

El Chispas

por diariodeunpasado @ Lunes, 02. Oct, 2006 - 10:47:43

Para “el Chispas” todo a su alrededor era blanco, inmaculado y aséptico. El Chispas no conocía otro entorno desde apenas los 8 años. Ahora tenía bastantes más de 50. Podría decirse que la gama de colores a los que estaba habituado oscilaba siempre en torno al blanco. Había otros, eso sí, pero no eran los más asiduos en su limitada estancia.

La mente del Chispas también estaba pintada de blanco. En ella no tenían cabida las tonalidades que nos inducen al frío o al calor, a la euforia o a la depresión, a la risa o al llanto. El color de su mente era lineal, si bien acaso de cuando en cuando y no se sabe cómo y porqué extraña rendija se colaba una tonalidad de alguno de ellos que sí lo impulsaban a sentir esas cosas cotidianas de la vida, pero eran pocas veces cuando esto sucedía, posiblemente debido a los medicamentos o posiblemente, y esto puede que sea lo más seguro, porque su mente nació así a la par de él, casi sin color. Había un color que furtivamente y sin que él fuera consciente (y parecía ser que él no era consciente de nada), penetraba a hurtadillas dejando una estela luminosa y azul que en él despertaba el amor. Pero eso era sólo a veces y un extraño mecanismo se empeñaba en sacar el color fuera de él. Seguramente los cánones establecidos que lo rodeaban se empeñaban en robarle el azul.

El Chispas no hablaba cuando llegó al Hospital Psiquiátrico de Miraflores, de Sevilla, (ahora convertido en un centro para deficientes mentales perteneciente a La Diputación) una fría mañana de un tempestivo otoño en la que parecía que el cielo había desgajado las nubes en varios trozos y dejaba caer sobre todo un enorme torrente de agua: Llovía sobre los tejados, sobre los jardines, sobre los árboles que tendían a expulsar fuera de sí sus hojas, sobre el suelo…..Y también llovía sobre el Chispas, menudo y delgado, bajito y enclenque para sus casi 8 años con ojos inexpresivos y rostro impenetrable. Ese día, por no se sabe que mandato divino debió de entrar en los entresijos de su mente algún atisbo de color porque el Chispas, después de unas horas en su nuevo habitat y mientras casi escondido tras las cortinas de los amplios ventanales miraba caer la lluvia, lloraba. Llegaban hasta él retazos de imágenes que no comprendía, de las que no era capaz de identificar su color, pero que le dolían y le hacían llorar. Llorar y descubrir un sentimiento nuevo y extraño para él: El dolor y la soledad y oleadas de otros momentos, de otras personas: Su madre y su hermano.

El Chispas nació dos minutos antes que su hermano gemelo, ambos con deficiencia mental profunda. Su madre también era deficiente mental. Su padre era normal y tuvo la mala fortuna de morir tres meses antes de que los gemelos cumplieran los 8 años y ese fue el detonante que hizo hacer tambalearse a su madre. Más mal que bien, y con ayuda de las vecinas logró mantener a flote a sus pequeños, pero fue por poco tiempo: En menos de dos semanas el hermano gemelo del Chispas (confidente en sus “no palabras”, incondicional amigo de los “no juegos”, compañía nocturna en la cama ante el “no miedo”) partió hacia la dimensión de la que no se regresa jamás. Ese fue el detonante que terminó de hundir a su madre. Ya no se ocupaba del hijo que le quedaba por dos motivos: Porque estaba recluida en su dolor y porque no tenía capacidad mental para hacerlo. Necesitaba su ingreso inmediato en un centro pertinente.

Ese fue el motivo de que el Chispas ingresara en el Hospital Psiquátrico.

Las enfermeras y monjas que se encargaban de los enfermos lo acogieron con cariño y le dieron amor. Los psiquiatras que lo atendían apuntaban que la profundidad de su deficiencia hacía totalmente imposible que pudiera pensar, sentir, hablar e incluso reaccionar ante cualquier acontecimiento.
Sin embargo el Chispas a veces lloraba y llamaba (la única palabra que más mal que bien era capaz de reproducir): ¡Mama!

Se pasaba los días mirando tras los cristales (no sabe lo que está viendo) decían los facultativos. Otras veces se perdía y tardaban horas buscándolo, para encontrarlo luego escondido dentro del armario de la ropa de la lavandería o en cualquier otro escondrijo que hubiera descubierto (no sabe lo que hace ) volvían a decir los facultativos….

El Chispas creció y se hizo un hombre. Un hombre sin atractivo ninguno. Se engordó (los dementes profundos no hacen ejercicio y tienden a pasar el día sentados o tumbados) Lucía la cabeza muy pegada al cuerpo, casi sin mostrar el cuello y las orejas se le abrieron en una caricatura grotesca. También perdió algunas piezas dentales.

De cuando en cuando lo pillaban con lágrimas en las mejillas y a veces escuchaban de su boca la única palabra que conocía: ¡Mama! (no sabe lo que dice ni lo que hace, no tiene capacidad de comprensión, es como un bebé recién nacido)

Un día el Chispas, cuando como todos los días fue llevado al comedor para el almuerzo, se dio de bruces con la Mariki, otra interna que llevaba allí casi el mismo tiempo que él y que a pesar de haberse cruzado miles de veces al cabo del tiempo, fue precisamente ese día el que la descubrió. Y una veta de azul se coló por las rendijas de su laxa mente.
Mariki llevaba zapatos ortopédicos, un antiguo bolso colgado y apretujado contra sí y la cara maquillada como un cuadro de Picasso. Era bajita y lucía una incipiente joroba. Sin embargo y a partir de ese momento, los ojos del Chispas buscaban a la Mariki por todos los rincones. Y cada vez que sus ojos se encontraban con los de ella, todo se inundaba de color azul.

Una tarde durante el reposo tras el almuerzo el Chispas se escapó de su habitación y se dirigió a la lavandería. Allí, perfectamente limpias, planchadas y alineadas se encontraban las ropas de los demás internos. El se entretuvo largo rato buscando hasta que le satisfizo lo que encontró: Pantalones Jeans dos tallas mayor que la suya, camisa a rayas blancas y rojas una talla menor, zapatillas deportivas y un gorro verde de lana. Luego entró en el vestuario de las enfermeras y sacó del bolso de una de ellas un frasco de colonia con el que se perfumó…. Y como si nada emprendió escaleras arriba.

Nadie lo vio, nadie notó su escasa ausencia, nadie lo echó de menos…..

Dos horas más tarde, al tiempo de la merienda y del reparto de medicinas correspondientes, la enfermera de turno penetró en la habitación de la Mariki para proporcionarle lo establecido y allí encontró al Chispas, metido en la cama con ella, abrazándola y besándola con tanta ternura que de la boca de la funcionaria salió un sorpresivo ¡OHHHHHH! que despertó del ensueño a los amantes.
El Chispas, que se había despojado de su ropa escapó desnudo en una silla de inválidos como alma que lleva el diablo por el interminable pasillo, dejando tras de sí una luminosa estela azul.
La Mariki se ensañó con la enfermera, le arañó la cara y le mordió las manos.

No los reprendieron ni los han separado (ellos no sienten, no padecen, no saben lo que hacen…)


 
 

Pie de página

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.