Búsqueda blog.com.es

Archivos de: Septiembre 2006

No Hizo Falta

por diariodeunpasado @ Viernes, 29. Sep, 2006 - 11:30:44

(...No Hizo falta ofrecerle su boca....)

Ella salió de su casa poco después del amanecer en una mañana cubierta de bruma y una neblina que impedía traspasar el más mínimo rayo del sol. Caían gotas de las ya algo amarillentas hojas de los plataneros. Gotas del rocío nocturno que se desprendían de las ramas con destino al plomizo asfalto.

Sus zapatos de tacón se bamboleaban a veces haciendo que su cuerpo se contoneara en una casi provocación. Estrechez de falda, camisa rojo sangre ajustada al cuerpo y melena al aire, luciendo a corta distancia pequeñas perlas cristalinas dejadas allí, como por casualidad, por la húmeda niebla. La acompañaban en sus pasos un corazón desbocado y manos temblorosas.

Llegó al punto exacto, escogió un banco cobijado por una jacaranda y se sentó a esperar.

El miró su reloj con un deje de precipitación y abandonó la oficina. Dentro de sí aún había un atisbo de nerviosismo pero no dejó que éste se implantara en su decisión. Caminó por la extensa avenida como paseando, lento y suave, a la vez firme y conciso. El estaba seguro. Para él no había dudas.

De vez en cuandogotas de niebla, gemelas de las que brillaban en el pelo de ella, se posaban en su frente y en sus hombros. Sus pies, a su paso, arrastraban alguna que otra hoja amarilla.

De repente la divisó. Sus ojos se quedaron unos instantes clavados en su figura. Ella estaba allí, casi arrinconada en el banco. Piernas cruzadas y las manos atusando de cuando en cuando su pelo. Se paró unos instantes y la contempló embelesado. Por momentos creyó soñar.

También ella lo vio. Se puso de pie y caminando pausadamente se aproximó a él. Sus manos temblaban y se agitó su pecho. Se encontraron a mitad del camino.

Un saludo y los ojos de uno clavados en los de otro. (¿Café? – Si por favor)

No fueron conscientes del café que tomaban. Sus manos permanecían unidas. Sus ojos seguían presos unos de otros. Las palabras salían a borbotones de sus bocas. Hablaban al unísono. Se contaban secretos que sólo los amantes conocen. Se lamentaban del tiempo perdido. Sus corazones totalmente abiertos y ahítos de recuerdos.

No hizo falta que ella le ofreciera sus labios. El, como un experimentado bandido se adueño de ellos. Besos de miel de flores, de dulce melaza, de pasión desmesurada. Besos de caramelo. Dulces como ellos, como su historia, como su amor, como sus manos cálidas desperdigadas por sus cuerpos.

Como antes, como siempre, como si no hubiera pasado el tiempo…


 
 

Una Hoja Seca

por diariodeunpasado @ Martes, 26. Sep, 2006 - 20:04:29

Hoy sin proponérmelo y mientras ordenaba los estantes, el libro se topó con mis manos.

Lucía ocre y envejecido, cubierto de polvo (con lo cual deduje no ser tan aseada como creía) y en su lomo se adivinaba alguna que otra grieta provocada por el paso del tiempo. Su título: “Los curas comunistas”, de José Luis Martín Vigíl.

No tembló mi pulso al abrirlo y buscar la primera página porque de sobra sabía lo que mis ojos iban a encontrar: allí, en la esquina superior izquierda estaba mi dedicatoria. Mi caligrafía casi infantil, despuntando en la madurez se mostraba en diagonal de abajo arriba queriendo transmitir mucho más de lo que era capaz de hacer a través de las letras: “Con todo mi amor deseándote un feliz cumpleaños.”

Y debajo ni nombre sostenido por la raya azul trazada a modo de rúbrica con un bolígrafo Bic Cristal.

Ese fue mi regalo para ti aquél día, en una época en que los dos, unidos además de por un amor adolescente, por una causa política común contra el sistema, soñábamos con arreglar el país con la sola fuerza de nuestros ideales.

Busqué entre sus páginas y de seguida encontré el tesoro que entre ellas ese día había guardado: La hoja de un árbol. Era una hoja de platanero (platanus hispánicus), árboles que adornaban las avenidas dando sombra en las calurosas tardes de estío y alfombrando el suelo en los dorados atardeceres del otoño. Tantas veces nuestros pies las removían al caminar fuertemente abrazados por la cintura mientras nuestros ojos se miraban con deseo reprimido…

Ahora la hoja había perdido todo su verdor, toda su tierna carne, y mostraba solo tallos y nervaduras. Tal parecía un antiguo encaje tejido por manos dulces y amorosas.

La tomé entre mis manos y a través de ella veía mi palma sonrosada. A través de ella veía también a esos dos adolescentes enamorados, ahítos de sueños de futuros y pasiones del presente. Tiernos, puros, inocentes, pensando firmemente que estaban hechos el uno para el otro. Yo no concebía una vida sin ti. En tu mente no cabía caminar sin mi compañía.

Y he sentido, que tal como la hoja del platanero perdió su frescura y vitalidad a través del tiempo, nosotros hemos perdido en el camino, tal vez dejándonos llevar por la monotonía o por la burocracia de la sociedad, proyectos inacabados, sueños inconclusos e inocencia perdida.

Y todo lo hemos perdido a pesar de seguir caminando juntos.

Su Regreso

por diariodeunpasado @ Miércoles, 20. Sep, 2006 - 10:31:03

Apenas pasaba yo de la adolescencia cuando él llegó a mi vida.
Se presentó así de pronto, sin avisar y sin yo esperarlo, una madrugada de principios de primavera. El miedo de apoderó de mí y el pánico se hizo patente cuando me introdujeron en una habitación con mujeres en mi misma situación. La mayoría de ellas gritaba y pedían ayuda. Yo estaba anonadada. No sabía a lo que me enfrentaba, no tenía experiencia. Nada ni nadie, ni siquiera yo, me había preparado para ello. Ahora las cosas han cambiado mucho (ha llovido mucho y se ha avanzado mucho desde entonces, afortunadamente).
Me dijeron que aún me quedaba un buen rato, que al menos unas 10 o 12 horas estaría en ésa situación Y yo me sentí muy culpable porque la forma en que me lo dijeron hizo que así me sintiera. El trato que te daban entonces distaba mucho del de ahora. Antes te trataban como si fueras una puñetera mierda que molestaba nada más pisar sus dependencias. Ni siquiera fui capaz de preguntar si todo iba bien.
Me trasladaron a una habitación y me despojaron de mi ropa, las pocas alhajas que llevaba y mi reloj. Y allí me dejaron por un tiempo infinito. No permitían dejar pasar ni a mi familia ni a mi marido, ni a mí me dejaban salir. Yo sentía que estaba en una cárcel. Perdí la noción del tiempo entre desgarradores dolores. Los contornos del pobre mobiliario se difuminaban ante mis breves desvanecimientos de fuerzas. Llamaba al timbre de emergencia y nadie respondía a mi llamada. Nadie pasó por la habitación 211 durante 7 interminables horas. No podía estar tendida, ni sentada ni de pie. Invoqué a Dios y tampoco El me respondió. Así pasé una hora más, sostenida con mis manos al toallero del destartalado baño, soportando dolor tras dolor sin darme siquiera un respiro para descansar. En uno de ellos sentí una fuerte presión entre mis piernas y ahí fue cuando el verdadero pánico se apoderó de mí. Grité, grité y grité… Entonces si acudieron. En dos minutos tenía a mi hijo en los brazos.
Ahora ya es todo un hombre.
No voy a negar que ambos tenemos diferencias, discusiones, puntos de vistas opuestos y por supuesto enfados en los que nos negamos la palabra durante las horas que nos dura. Aunque a mí me dura porco. Las madres ya se sabe, solemos dar nuestro brazo a torcer.
A pesar de eso y de su mayoría de edad, yo no respiro tranquila hasta que oigo su llave en la cerradura de la puerta. No duermo relajada hasta que él no llega, y cuando eso sucede, un suspiro de alivio se escapa de mi pecho.
A mitad del pasado mes de Junio partió de casa para tomarse unas merecidas vacaciones. Había ahorrado con su trabajo y se marcho a las playas de Tarifa, uno de los lugares más propicios para practicar el windsurf, un deporte que le apasiona.
He estado tres meses sin verlo. Tres meses de intranquilidad y en algunas ocasiones de pésimos pensamientos. Tres meses sin su presencia y siendo conocedora de que es su vida, su libertad y su felicidad.

Y ayer en la tarde y sin avisar regresó a casa.
Y yo hoy, estoy como una niña con muñeca nueva.

(Ni pensar quiero que descubra que he colgado esto en el blog. Daría pie a la primera discusión tras su regreso)

Quiero aclarar que el trato hospitalario de hoy dista mucho del de hace más de 25 años. Hace 10 años tuve una hija y nada que ver con mi primera experiencia.

windsurf
Mi Hijo Pablo

Cuando Duele La Ausencia

por diariodeunpasado @ Sábado, 16. Sep, 2006 - 21:08:08

Muy de mañana, con la tenue claridad que precede al amanecer, comenzó a caer agua del cielo. Abrí los ojos, y dando la espalda al ausente descanso, como una autómata salí al exterior para buscarte, era sabia conocedora de cómo te gustaba estar bajo la lluvia.

Frías gotas de agua mojaron mis hombros y mi espalda. Caían sin prisa pero sin pausa, dejándome la piel cubierta de diminutas perlas transparente semejando cristal.
Miré al horizonte buscándote en la lejanía y mis ojos no fueron capaces de encontrarte. Imaginé que andabas escondido entre la neblina que brotaba del agua.

Pero no estabas allí.

Bajé a dónde el estanque y quise verte agazapado sobre él, deleitándote con el soniquete de las gotas sobre los nenúfares.

Pero no estabas allí.

Me dirigí al columpio de gruesa soga imaginando verte como tantas otras veces, columpiarte de pié mientras tu inquieto cuerpo se balanceaba cortando el aire, haciendo mil y una piruetas, y mostrando tu eterna sonrisa, orgulloso de tus filigranas.

Pero no estabas allí.

Miré hacia lo alto y solo vislumbré una violácea oscuridad. Mi rostro se clavó de fina agua semejando puntas de alfileres.
Quise verte en esa oscuridad. Quise sentirte en esos húmedos aguijonazos.

Pero no estabas allí.

El agua del cielo se mezcló con el agua de mis ojos. Sentí frío. Se escapó un estremecimiento de mi cuerpo y un sollozo de mi garganta.

No estabas allí. Yo sé bien que nunca estarás en ningún sitio en los que yo te busque.
¿Dónde estas?

Entré de nuevo en la casa y me metí de nuevo en la cama. Me cubrí el cuerpo con las sábanas y la cabeza con la almohada. A pesar de eso desde fuera, seguía escuchando el repiquetear de las gotas caer.

A Javier

(8-5-1989 † 9-7-2005)

La Huella Del "No Estar"

por diariodeunpasado @ Martes, 12. Sep, 2006 - 09:14:12

A pesar de que nunca has estado, de que nunca has ocupado un espacio físico en mi gravedad, tu ausencia cuando te marchas, deja tras de sí una estela luminosa, fluorescente, mágica de sensaciones y colmada de sueños.

La huella del “no estar”.

Danza frenética de colores de pastel y brillos de neón, baile seductor de imaginación, ecos de murmullos colmados de sombras azules.

Cuando estás el “no estar” es futuro.
En estos instantes ese futuro es ya pasado.
Mi alma se llena de tu recuerdo, juega con esos instantes de sueños conjuntos, de sueños ya perdidos.

Es un sueño el poder susurrar tu nombre en tu oído.
Tu nombre me esta vetado. Por eso es un sueño.
Es hermoso pronunciar tu nombre en sueños.
Yo sueño que es más hermoso pronunciarlo que soñarlo.

Tú y tu huella al “no estar”.

Cometa luminoso que me arrastra en su frenética carrera a través del “no espacio-tiempo”

Tú. Tú sabes cual es el nombre que no pronuncio.

Tenía Un Lazo Amarillo

por diariodeunpasado @ Viernes, 08. Sep, 2006 - 19:35:29

Tenía un lazo amarillo.
Más que amarillo era un lazo de raso de color vainilla que yo solía anudar en el final de mi trenza.
A ti te gustaba ese lazo.
Te gustaba ese lazo y ese vestido vaporoso imitando el uniforme de camuflaje de los militares. Y también te gustaba el cinturón color verde caqui que rodeaba mi cintura lo mismo que tantas veces la rodeabas tú con tus brazos.
Y mis botas. Botas de piel de ante color canela y alto tacón. Botas que en más de una ocasión tú descalzabas para acariciar mis pies. Botas de piel que cobijaba otra piel del frío de aquel otoño agonizante, cuando casi empapados de lluvia corríamos a cobijarnos bajo el calor de un café-bar.
Y allí, situados en un rincón de la barra muy juntitos, cuerpo contra cuerpo, me dedicaba a disfrutar de ti, del calor que emanando de tu cuerpo se fundía con el calor del mío; disfrutar de tu presencia y de tu cercanía en ese ambiente tan cálido.
Te miraba intensamente y me perdía en tus ojos que reflejaban brillantes el chisporroteo del fuego en la enorme chimenea. Olía a humo y a leña quemada, a café, a cigarrillo. Y a ti.
Tantas veces deseé poder asir el tiempo y detenerlo, tantas veces rogué en silencio no separarme nunca de tu mirada, tantas veces quise caminar siempre cogida de tu mano…
Tu mano, que en infinidad de ocasiones arrancaba el lazo de mi pelo dejando desparramada mi melena de rizos negros.
Rizos que se desgajaban como fruta prohibida sobre tus hombros cuando me acercabas hacia ti y me apresabas a tu cuerpo con un lazo amarillo.

El tiempo pasa y tú permaneces.
Gracias por estar.

Con Ganas De Ti

por diariodeunpasado @ Miércoles, 06. Sep, 2006 - 20:06:51

Como antaño me quedé con ganas de ti.

La picardía de tu mirada despertó mis ansias.

El eco de tus palabras me supo a poco.

El leve roce de tus manos insinuó mis deseos.

Como antes, como ayer, como siempre en tiempo pasado y ahora en presente.

La estela que deja tu espacio en el aire me persigue después de tu ausencia.

No te vayas.

Que todo siga tal y como era.

Que todo sea igual.

ANGEL I

por diariodeunpasado @ Lunes, 04. Sep, 2006 - 21:22:01

Angel.

Angel era único.

Tenía la habilidad de llevarte al lugar donde él quisiera, hacerte escuchar la música más apropiada y susurrarte al oído todo lo que tú quisieras oír.
Angel era el último romántico.

Tan solo con sus palabras te transportaba a un maravilloso mundo donde los sueños podían hacerse realidad, ya fuera en un prado alfombrado de verde yerba, en una pileta bajo el sol caluroso del verano o en un paseo bajo el pasto húmedo por las gotas de la lluvia.

Solía pasear contigo tomándote siempre de la cintura y dejando disimuladamente que sus negros rizos acariciaran tu frente, así, suave, como sin darse cuenta de la inquietud interior que eso despertaba en ti.

Si arreciaba la lluvia te invitaba a cobijarte en la penumbra de una gruta dónde podía regalarte mil y una caricias. Solos, acompañados solamente de la mutua respiración y el acompasado son de las gotas de agua al caer.

Allí paseaba la yema de su dedo lentamente por tu cuerpo mojado bajo la incomparable música de The Doors (Riders on the Store).

A veces te solía llevar en la noche a una solitaria playa y bailar contigo Michel de The Beatles mientras tus pies se iban impregnando de arena y de agua salada hasta encontrarse con los suyos….

Angel eterno.
Angel inolvidable.
Angel mágico

Angel…

Y todo sin rozar piel con piel.
Todo con la imaginación.

Me Lo Envió Un Amigo

por diariodeunpasado @ Sábado, 02. Sep, 2006 - 20:06:50

parquepadrehurtado
Parque Padre Hurtado - Graneros (CHILE)

Un buen amigo me envío un video de su pais y he querido compartirlo con todos vosotros.

Como mucho de mis amigos blogueros son de ese país CHILE (y casualmente , de los que mejores escriben, pues parece que en esa tierra las musas abundan más que por aquí), he querido compartirlo con todos ustedes.

A ellos va dedicado con todo mi cariño.

pd: Seguramente no lo sabeis pero hubo un periodo de tiempo en mi vida en la que Chile significó mucho.... pero eso ya os lo contaré en otra ocasión.

Bueno, ¿A que esperas pa pinchar?

http://www.youtube.com/watch?v=W55QRQhWpdo


 
 

Pie de página

El contenido de esta web pertenece a una persona privada, blog.com.es no es responsable del contenido de esta web.