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Archivos de: Julio 2006

Las Fotos de Kinteki

por diariodeunpasado @ Domingo, 30. Jul, 2006 - 20:13:55

El amigo Kinteki no ha podido publicar las fotos que quería ofrecernos.

Como la persona humana que es, ha querido compartir con nosotros todo su dolor, su rabia, su furia, su impotencia y tantas otras cosas ante la barbarie, que últimamente vemos en las noticias.

Yo creo que no ha hecho falta que nos las mostrara para tranmitirnos todo éso que a él lo ha hecho avergonzarse de la humanidad.

No sé cuales eran las imágenes que tenía preparadas. Yo os envío éstas como muestra de un mundo en el que el dolor ajeno cada vez nos pasa más desapercibido y ante el que nos mostramos insensibles.

¿Acabará todo ésto alguna vez?

Estoy segura que mientras haya intereses económicos de por medio, ya sea en el Líbano, en Irak, en Afganistán, o en cualquiier parte del mundo, la Dama de la Guadaña se seguirá apoderando de los inocentes.

La lucha por el poder es el cáncer del mundo.

La Policía libanesa cifra los muertos en el ataque en 54, entre los que hay 37 niños.

Fotos extraídas de El Mundo


 
 

Siempre estás

por diariodeunpasado @ Viernes, 28. Jul, 2006 - 10:19:55

Siempre estás ahí.

A pesar de mis desplantes cuando me enfado, de mis huidas a ninguna parte, de mis rabietas infantiles, de mis escondidas para ocultarme a tu persona….

Siempre estás ahí.

Esperándome.

Porque tú sabes que siempre vuelvo lo mismo que yo sé que tú siempre estás.

(a tí, angel abandonado)

Pido perdón por no haber escuchado tus ruegos.

Pido perdón por las lágrimas que hablan de mí.

Pido perdón por tus noches a solas.

Pido perdón por sufrir en silencio por ti.

Te pido perdón a sabiendas que me lo concedes.

Te pido perdón de la única forma que se:

Devuélveme la vida.

Recoge la ilusión
Que un día me arrancó tu corazón.

Y ahora:

Devuélveme la vida.

Antonio Orozco

Burned Tecate Cypress covered with ash near the summit

Mirada Azul

por diariodeunpasado @ Miércoles, 26. Jul, 2006 - 09:23:07

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Mirada azul que me acecha desde lo alto.
Ojos huidizos que me esquivan.
Suspiro tenue que se me clava en el alma.

Frente a mí el horizonte infinito del mar. Tras de mi oleadas de electricidad que se esconden.

Se que está ahí, lo presiento y lo siento en mi interior.
No me vuelvo. Yo también lo esquivo.
Acepto a la brisa envolver mi cuerpo y continúo mi caminar paseante.

En mi nuca se clava una fluctuante claridad azul.
En mi corazón se inicia una agitada carrera hacia lo desconocido.

Mágica Zahara

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Mágica Zahara

por diariodeunpasado @ Viernes, 21. Jul, 2006 - 07:36:30

Hoy viajaré de nuevo a la playa para pasar allí el fin de semana. Arena dorada, aguas cristalinas en las que a pesar de la profundidad que penetrres, siempre puede observar el fondo y los bancos de huidizos peces.

Una delicia esos paseos matutinos, esas noches cargadas de húmeda salinidad y esos atardeceres dónde el mar y el cielo llegan a confundirse con el lejano dorado.

Mágica Zahara.

Amanecer En El Rompeolas

por diariodeunpasado @ Miércoles, 19. Jul, 2006 - 20:17:59

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Un golpe de brisa fresca y húmeda me baña el rostro, juguetea con mi pelo y se cuela bajo mi falda inmaculada y vaporosa, elevándola hacia el cielo y obligándome a hacer mil y una piruetas para sujetarla. Aún no despunta el sol y mis pies descalzos ya pisan la húmeda arena en un paseo matutino y refrescante por la orilla del mar.
Mi perro, con el amor incondicional que siente hacia mí, me acompaña. Me hace gracia su caminar saltarín. Es vivaracho y dócil, cariñoso y obediente…. A pesar de que me siento acompañado por él, paseo a solas con mi soledad. Con mi soledad y mis pensamientos.
El cielo se va tornando rosáceo por momentos. El agua aún no luce todo lo azul que alcanzará horas más tarde. Ahora se muestra de un azul casi plomo. A lo lejos una ligera bruma confunde el horizonte.
Aquí, el sol hace de la casi imperceptible línea del horizonte, entre el mar y el cielo, su ocaso. Es entonces cuando se refleja en las aguas y lo tiñe todo de oro, un mar de oro salpicado de encajes blancos y espumosos…
Ahora, al amanecer solo se muestra tras los verdes montes, con unos tímidos rayos perpendiculares a mis ojos.
Mis pensamientos me hacen divagar a otros lugares y momentos perdidos ya en el tiempo, momentos lejanos que al regresar se vuelven tan nítidos por el instante mismo vivido. Renacen en todo su esplendor y se quedan conmigo en esta desesperante monotonía en las que en algunas etapas se convierte mi vida.
Voy disfrutando de mi paseo y de mis recuerdos. Me pierdo en ellos, los palpo, los saboreo y los disfruto.
Todo un placer.
De cuando en cuando alguna que otra ola atrevida osa bañar mis pies para retirarse rápidamente, como si un delito hubiese cometido, dejándome la piel cubierta de pequeñitas pompas de espuma.
Mi perro divisa algo a lo lejos (algo que desconozco) y tira fuerte de la correa por la que lo llevo atado. Lo suelto para que corra libre, a su aire.
No hay apenas nadie por la playa, tan sólo algún que otro jubilado perseguido por el insomnio o aquí allá solitarias cañas de pescar que yacen solas mientras sus dueños, tal vez estén tomando una copa de aguardiente en las tascas de las últimas calles.
Nada más sentirse libre corre como un loco desesperado hacia no sé yo que cosa.
¡¡Y como corre el bandido!! Como que no soy capaz de alcanzarlo. Tengo suerte de no perderlo de vista a lo largo la inmensa playa. Su pelaje es corto y blanco y se distingue bien pero no sé dónde va; únicamente lo veo correr hacia la rompiente, que a esta hora y debido a la bajamar no está sumergida. Resurge a lo lejos como un enjambre de gigantescas rocas, negras de noches solitarias, verdosas de las algas a las que cobija, y agujereada a base de golpes de mar embravecido.

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Acelero el paso y comienzo a pensar que al final tal vez no fue tan buena idea el llevarlo conmigo al paseo. Lo pierdo de vista cuando se adentra entre tanta piedra dormida y mi corazón late un poco más fuerte.
Al final, y casi jadeando llego al sitio. Mi falda está casi empapada por completo debido a los salpicones de las olas y sus bajos lucen cubiertos de arena…
¡Ya verá cuando lo pille!
Me adentro entre los pasillos angostos que forman las rocas. En algunos sitios aún hay agua y mis pies agradecen el frescor de las aguas mañaneras, pero yo siento calor y preocupación. Casi llego a imaginar que el mar se lo ha tragado.
Comienzo a llamarlo con voz dulce y mimosa primero, con firmeza después y por último casi en un sollozo desgarrado. No lo veo. El no regresa
- Está aquí, conmigo.
La voz viene desde lo alto. Miro hacia arriba pero sólo distingo a ver una silueta sentada en lo más empinado de una de las rocas.
El sol ya asoma sus rayos más largos y sólo me muestra el atisbo de una áurea dorada.
Me pongo la mano sobre los ojos a modo de vicera y distingo una cabeza cubierta de rizos. Pero ni un atisbo de su rostro.
Con cierta agilidad la silueta baja de su acomodo y antes de que me dé cuenta ya está al lado mío.
Entonces puedo comprobar el negro de su cabellera que el viento se empeña en enmarañar. Y también puedo ver sus ojos. Unos ojos tan azules como el color que lucirá el mar en unas horas.
- Hola – me dice - ¿Es tu perro?
Casi no me salen las palabras. Pienso que tengo ante mí a un ángel. A medias contesto como puedo a medida que me recompongo de los siniestros y precipitados pensamientos sufridos momentos antes, ante el miedo de perder a mi perro. Mi querido perro.
Susurro unas tímidas gracias mientras él me dice que se llamaba Jaime. “el padre Jaime” – rectifica – párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen.
Yo sigo casi muda y él sigue con su charla – Suelo venir casi todos los días que puedo a contemplar el amanecer y de paso hacer ejercicio caminando. A partir de cierta edad hay que cuidarse para poder cuidar a los demás.
- Claro (calculé que rondaría casi la cincuentena, aunque desde luego por su físico no pasaba de los 40)
Me despido dándole de nuevo las gracias.
Ni siquiera regaño a mi perro por su escapada. Todo el camino de regreso ando pensando en esos ojos y esa cabellera rizada. (Padre, Párroco, Cura….)

Y muy dentro de mí noto una paz y un sosiego ausente desde mucho tiempo.

Lo Que No Te Digo

por diariodeunpasado @ Miércoles, 12. Jul, 2006 - 18:07:40

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Desde luego que no se lo digo. Ya no sé si por vergüenza o por un miedo inconsciente a provocar un mal entendido.
No le digo que me encanta hablar con él.
No le digo que en el transcurso de la conversación siento como una energía plateada sale de mi pecho queriendo meterse en el suyo.
Y mucho menos le digo que para mí es “mi niño”. Un niño grande con el que una vez jugué a algo que se me escapaba de las manos.
Tampoco le digo que mi cariño hacia él es especial, que aunque el fuego quedó extinguido hace tiempo, posiblemente el mecanismo por empatía de las neuronas espejo sea fuerte en mí.
Mi niño.
El no sabe como a veces deseo arroparlo contra mi pecho, rodearlo con mis brazos y besar su frente dulcemente. Darle compañía, calor, mimos, ánimos y risas para seguir adelante.
No le digo que estando a su lado siempre sopla a mi alrededor un soplo de brisa fresca.
Esa como si me adentrara en una burbuja de cristal don quedan fuera todos mis desvelos tan amargos con los que la vida me golpeó últimamente.
Después de tantos reproches, tantos sinsabores, tanto veneno escupido, es para mí un hombre que dejó de ser hombre para convertirse en niño. Un niño que quisiera mío.
Tampoco le digo lo que lo admiro, lo que lo valoro, lo que lo envidio.
Y por supuesto, y aunque se me tache de desconfiada, ni el más remoto intento de decirle el miedo que siento a que sus palabras no sean reales, a que su deseo de conversar conmigo no tenga un fondo interesado, a que en realidad el me odie por lo que le hice.
Y es que a lo largo de mi vida he sufrido tantas relaciones interesadas, tantos engaños, que aunque yo no quiera no puedo más que desconfiar. Y de verdad que no quiero.

Pero a pesar de todo él para mí es mi Niño, mi Tesoro.

Ojalá pudiera encontrarle lo que verdaderamente necesita.

Hoy, Tu Cumpleaños

por diariodeunpasado @ Lunes, 10. Jul, 2006 - 20:50:41

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Hoy, 10 de Julio es tu cumpleaños. No me he olvidado ningún año.
Esa fecha, al igual que la del mío, está impresa en mi corazón con letras de fuego.
No te he llamado.
No te he felicitado.
Pero he salido al despuntar el alba contigo en mi pensamiento.
Me he dirigido a la desierta playa caminando junto a ti imaginariamente.
Nuestros descalzos pies iban dejando una acuosa huella en la arena recién mojada por la bajamar y nuestros dedos se rozaban al compás de nuestros pasos.
Al fondo los barcos pesqueros regresaban de sus faenas y aquí y allá, desperdigados pescadores, madrugadores como nosotros, tendían sus cañas buscando alguna presa.
No nos hizo falta hablar porque nuestras mentes latían al unísono y decían todo lo que callaban nuestras bocas.
Nuestras bocas. Bocas creadas para besar. Para besarnos. Para comernos mutuamente como tantas veces antes.
Que bellos reflejos causa el sol naciente en tus ojos verde bosque. Hoy lucen más oscuros. Los miro y se clavan en mí como dagas de caramelos.
Caramelos de menta con sabor a hierbabuena, a juncos de las marismas y dulces como la melaza.
Regálame tus ojos – te digo – Si sabes que me vuelven loca.
Y tú no me contestas.
Tiras de mis manos y me acercas a ti. Fundes tus ojos con los míos y tus labios muerden mi boca….
Te amo – me dices – Y a mí se me desbarata el alma mientras alondras revoltosas se mueven en mi pecho.

Feliz Cumpleaños Gitano.

Bajo La Farola

por diariodeunpasado @ Jueves, 06. Jul, 2006 - 09:08:45

farola

Mira que me dijeron que no te quisiera, que tú no merecías mi cariño.
Mira que me contaron las malas lenguas que andabas jugando.
Mira que vinieron a detallarme tus ocultos amoríos
Mira que me alertaron que no eras trigo limpio.

¿Qué sabe nadie?

¿Que sabe nadie como nos amamos?
¿Que sabe nadie si tus ojos verdes me traspasan como puñales cuando me miran?,
¿Que sabe nadie el sabor a mar que deja tu boca en mi boca cuando nos desborda la pasión?

¿Que sabe nadie?

Y tuvieron que ser mis ojos los que te descubrieran aquella noche.
Allí, bajo la emparrada de la alameda, bajo el oscuro manto de la noche, abrazado a otra persona.
Tu silueta se recortaba en la penumbra fundida en un apasionado abrazo. Tu boca se perdía entre su pelo. Tus manos andaban bajo su ropa…

Dejó la noche de ser noche para volverse tinieblas. Los luceros cayeron sobre mí como una pesada loza de plata. Dejaron de cantar los grillos y quedó cortado el aire.

Un suspiro que se escapa de un corazón que ha estallado. Unos ojos verdes que se vuelven y me miran, que, como siempre, quedan clavados en los míos…. Después, el vacío.

Y ahora, qué canalla, qué traidor, que mala sangre… ando como loca por las callejuelas buscando tu sombra. Corro entre la penumbra queriendo encontrarte, recorro las tabernas pronunciando tu nombre…..

Hasta que mi mente queda presa de una nebulosa opaca.

Entonces me apoyo en la vieja farola de la alameda. Bajo su luz mortecina acerco un cigarrillo a mis desolados labios. Y espero.

Alguien pasa ¿qué más da quien sea? Me da igual. Cualquiera. Se me acerca. Su boca me rosa. ¿Me acompañas muñeca?.

Y yo lo acompaño.

SoS

por diariodeunpasado @ Martes, 04. Jul, 2006 - 18:11:55

PAJARO AZULcolor

Ven a borrarme los fracasos de mi mente
Ven a llenarme de caricias diferentes
Ven a sacarme de este pozo de amargura
Donde me encuentro yo.

Y dame el agua de tu fuente cristalina
Y dame el beso que sin darse se adivina
Que estoy sedienta de cariño sin medida
"cansá" de dar amor,
De volar siempre buscando una fantasía
De nido en nido como paloma perdida
Estoy cansada de secretos y mentiras
Buscando un gran amor,
Que sea capaz de enamorarme cada día
De darme sueños mientras que duerme mi vida,
Mirarme siempre con la mirada encendida
Igual que miro yo.

Dame tu mano sin temor a equivocarte
Que tu me entiendes, yo nunca quise engañarte
Dame las cosas que nunca supieron darme
Te llenaré de amor.

Y no hagas caso de lo que digan la gente
Tienen envida porque yo amo libremente
Porque mi amor es como un pájaro silvestre
No se puede enjaular

(Falete)

Inevitable Soledad

por diariodeunpasado @ Sábado, 01. Jul, 2006 - 08:23:57

Ahora ya nadie viene a visitarme.
Parece que me olvidaron.
Al principio, cuando me trajeron aquí, las visitas de mis familiares eran continuadas.
Recuerdo que las que más me visitaban eran mis hijas, ellas venían casi todos los días y alguna que otra vez me traían un bonito regalo: me traían flores. Han sabido siempre que
las flores eran mi debilidad y yo se lo agradecía infinitamente porque una vez que se marchaban el aroma de las flores quedaba flotando en el aire durante mucho tiempo. Y era como si ellas aún continuaran aquí conmigo.
A veces venían juntas, otras por separado, pero intuía que siempre venían con el mismo fin: pasar un rato dándome compañía. Yo aquí me siento muy solo y no tengo a nadie con quien compartir nada; los compañeros que me rodean no son muy comunicativos ni habladores. Ni siquiera yo dada la situación en la que me encuentro puedo hablar.
Por eso cuando ellas venían me limitaba a escucharlas y a disfrutar de su presencia.
Me hablaban de sus vidas, de sus maridos, de sus hijos (mis nietos, a los que por cierto nunca me han traído e imagino que ya deben estar casi adolescentes).
Me contaban de sus inquietudes y del curso que iban tomando sus vidas
pero sobre todo, y era lo que yo más deseaba oír, me contaban cuanto me extrañaban y cuanto lamentaban haberme traído a este lugar, pero que no me preocupara, que ellas seguirían viniendo a visitarme y estarían siempre a mi lado. Y yo, aunque ya apunté que no podía contestarles verbalmente, si que lo hacía con mi pensamiento, y estoy seguro que ellas recibían mi mensaje. Mi mensaje era que no quería estar aquí, que quería volver al hogar de antes, pero que comprendía que las circunstancias de la vida así lo habían decidido y que aceptaba la situación. Y que yo siempre estaría aquí para cuando me necesitasen.
A veces también me visitaban otros familiares o amigos, aunque generalmente éstos no me hablaban nada, intuía yo que tal vez porque se sentían violentados por el giro que había dado mi vida, pero de cualquier forma yo agradecía sus visitas aunque solo fueran por mero compromiso, porque cualquier visita aquí recibida se agradece de todo corazón.
Con el tiempo esas visitas se fueron haciendo cada vez más distantes entre sí. Primero fue paulatinamente, sobre todo cuando las reacciones del tiempo eran adversas, y después por cualquier banal motivo por el que ellas se disculpaban.
Pero yo sabía de cierto que el principal motivo era el que las cosas de la vida son así, que desgraciadamente el reloj pasa por todos y para todos, y que nos sublevamos cuando sus manecillas se paran. Nos esforzamos para que sigan girando imaginariamente por un tiempo, creando así un espejismo que deseamos que sea real, pero que lamentablemente el hechizo se rompe cuando somos conscientes de que inexorablemente se pararon.
Y se quedan así, paradas, haciéndonos comprender la cruda realidad.
Ahora, y como dije al principio, ya nadie viene a visitarme. Incluso he perdido la noción del tiempo que llevo aquí. Tengo que conformarme con la presencia de los jardineros que mantienen todos estos jardines muy lindos y cuidados. Y con escuchar los lamentos de una multitud cuando vienen a dar sepultura a algún ser querido.
Un ser querido que al principio, y como yo, será visitado asiduamente, más que luego, y también como yo, pasará a ser parte del recuerdo.

Como bien dijo el poeta: ¡que tristes y solos se quedan los muertos!


 
 

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