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Con el Viento De Poniente

por diariodeunpasado @ Miércoles, 28. Jun, 2006 - 22:21:22

ponientelSopla viento de poniente. Fresco, suave, tranquilizador. Que no cese este viento. Que no cese porque deja en mí fragmentos de fragilidad esperanzadora.
Lo siento recorrer mi piel en este crepúsculo que poco a poco a poco cae en la penumbra mientras el cárabo llama con su canto a quién sabe que ave nocturna.
Aún no apareció el primer lucero.
No importa. Sopla poniente y éso cambia mi ánimo.
Me hace sentir que no es tan dolorososo lo doloroso del pasado.
Me hace revivir lo maravilloso del tiempo marchito.
Me hace confiar en un futuro lleno de vivencias aún no vividas.
Me hace agradecer lo que tengo, que muy dentro de mi me pide que lo disfrute ante lo perdido.


 
 

El Punzante Aguijón De La Impotencia

por diariodeunpasado @ Martes, 27. Jun, 2006 - 08:01:12

mascaras

A veces creo que no puedo más con este peso que llevo a mis espaldas. Hay momentos (como ahora), en los que siento que esta responsabilidad que me creé no llega a dar los frutos correspondientes.
Todo pasa tan lento y pausado haciéndose aún más punzante, que lo sublime se vuelve desgarrador.
Mi meta primordial es ella.
Su sangre es mi sangre y su dolor es mi dolor.
Quiero sacarla del negro pozo que se la tragó aquella tarde, quiero devolverle un motivo para continuar, quiero volver a verla sonreir…… Y no soy capaz de hacerlo. Por más que lo intente no lo consigo.
Ella sigue engullida por el pozo.
Y en determinados momentos también yo me siento arrastrada con ella hacia las oscuras profundidades.
Esta impotencia, esta desazón, este querer y no poder, se me antoja un fracaso anticipado que poco a poco se va adueñando de mi, envolviendo mi vitalidad con una red tejida de con hilos cortantes que traspasan la carne y las entrañas.
La veo llorar y por dentro me rompo como la porcelana.
Siento su dolor y lo hago mío. Y uno su dolor al que yo siento.
Sin embargo, no le puedo sacar el suyo, precisamente porque es suyo.
No es justo que cada uno tenga que cargar con un dolor que le ha sido impuesto por la fuerza.
No es justo que alguien no pueda quitarle un poco de ese peso para hacerle el camino más llevadero.

Ante ella guardo mi pena por lo que yo también perdí, y escondo con desesperación la rabia de mi impotencia.

Y me siento hundida en este fangoso caminar del desconsuelo. La quiero tanto……

(A mi hermana Pilar)

Misteriosa Y Bella Vida

por diariodeunpasado @ Lunes, 26. Jun, 2006 - 08:22:14

abstracto-005

Los neurocientíficos han constatado que estamos biológicamente equipados para la empatía, para sentir lo que sienten los otros. Esto es así gracias a unas neuronas llamadas espejo. Dicen que su descubrimiento hará tanto por la psicología como hizo el ADN por la biología.

Bien es cierto que en muchas ocasiones no es más que una fórmula automática, pero resulta que eso de “te acompaño en el sentimiento” tiene un lugar en el cerebro y un fundamento científico. El mismo que explica que la congoja que experimentamos al ver que Bergman y Bogart van a separarse en el final de Casablanca, o el escalofrío que nos invade cuando al superhéroe Ton Cruise le insertan brutalmente a través de la nariz un microchip en la enésima entrega de Misión Imposible.
¿No es cierto que basta que un niño comience a llorar para que haya un estallido general en la guardería? En definitiva, que los neurocientíficos han constatado que estamos biológicamente equipados para romper las barreras que nos separan de los otros y sentir como ellos. Y aún más, el cerebro humano tiene herramientas para leer las mentes ajenas, y, en cierto modo, para predecir el futuro.
Tan delicadas tareas corren a cargo de las denominadas neuronas espejo rebautizadas por Vilayanur Ramachandran, director del Centro de Cerebro y Cognición de California, como “las neuronas del Dalai Lama”, por su empatía y compasión. Por su parte, el padre del hallazgo Giacomo Rizzolatti, de la Universidad de Parma (italia), opina que el mecanismo espejo explica muchas cosas que antes no se comprendían.

(El País, 25-6-06)

Vejación

por diariodeunpasado @ Jueves, 22. Jun, 2006 - 10:14:31

Hace algún tiempo que escribí este micro-relato.
Lo saco ahora en relación con el post publicado ayer por Pilarbernal "Alba Dormida" (si no lo han leído leánlo, excelente)
Con ello quiero lanzar mi repulsa ante tanta violencia gratuíta, que sin motivo mi razón, destroza tantas vidas humanas.

maltrato

Ya está de nuevo. No me hace falta verlo para saber como está hoy: está como todos los días. Tan sólo con oír abrirse la puerta comienza a flotar en el aire la llegada incipiente de la violencia.
Es como la agresividad se personificara y caminara justo delante de él, abriéndole el paso mientras penetra en el hogar.
Una opacidad densa oprime el ambiente por momentos.
Y mira que yo intento evitarlo de todas las formas y maneras inimaginables; pero todo es en vano. Preparo su comida favorita, mantengo su ropa limpia y planchada, la casa resplandece por el orden….Sin embargo, ninguna de estas cosas parecen ser las acertadas.
Con el tiempo me he dado cuenta de que nunca hay motivo para llegar a estas situaciones. No hace falta. Cualquier cosa lo desata.
Sencillamente él es EL y yo soy simplemente, tristemente, miserablemente, yo.
He aprendido a mantener la boca cerrada mientras descarga sobre mí su sarta de improperios y vejaciones. He llegado a la conclusión de que tal vez así, (ilusa de mí) pueda evitar el “momento”.
Sin embargo últimamente parece que mi silencio lo irrita más aún. Me reta a que le conteste, y cuando lo hago es cuando verdaderamente estoy perdida. Es entonces cuando cualquier parte de mi cuerpo, cualquier centímetro de mi piel pasa a ser objetivo de su furia.
¡Si él supiera los pensamientos que pasan veloz por mi mente mientras mi carne comienza a arder y a enrojecer bajo sus golpes!
Me refugio en un tiempo lejanamente pasado.
¡Que felicidad cuando por primera vez pude mantener unos instantes mis ojos clavados en los suyos! ¡Y que cariñosas y dulces eran entonces sus manos sobre mi cuerpo! Caricias tiernas, pasión desbordante, mariposas en el vientre, galopar furioso de mi corazón…….. Y deseo. Deseo de sentirme suya. De sentirlo mío. Así, sin nada que lo provocara, simplemente por la fuerza de la pasión.
Puede ser que yo adopte esa postura para evitar ser consciente de las humillaciones; que mientras él me golpea, me veja, descarga sobre mi su odio, yo me evada con sentimientos de comprensión, de justificación, incluso de culpabilidad por no saber darle lo mejor de mi, que ya no se siquiera lo que es.
Sus golpes me hacen refugiarme en mí. Mientras arde mi piel bajo ellos, yo divago recordando otros momentos vividos a su lado.
Ahora también me hace suya, pero solamente lo provoca el verme retorcida, ensangrentada y dolorida en el suelo. Entonces se desata su deseo y me posee con furia, demostrando poder y quién manda y quién es el mandado. Yo me dejo hacer. Y también eso lo enfurece. Si muestro resistencia también se enfurece, por lo que he tomado la decisión de esperar que se enfurezca por una cosa o por otra para que no me tome desprevenida.
Y bien sabe Dios que lo amo; aún a pesar de este cautiverio lo amo. Sé que es el hombre de mi vida. No habrá otro en mi corazón. Lo amo.
Yo sé bien que él también sufre. No cabe en los dos más sufrimiento.

1980_Mujer_desnuda.sized

La oscuridad ha comenzado a penetrar a través de los cristales. Veo las luces de la calle difuminadas; parece que esta noche tendremos espesa niebla puesto que ya se muestra un atisbo de ella. Siento un desmadejado peso sobre mí. Noto que mis manos están pegajosas. Un olor dulzón domina la estancia.
Poco a poco mis ojos se habitúan a la oscuridad. El está encima de mí con los ojos descomunalmente abiertos.
Es como si despertara de un sueño dónde no recuerdo lo que he soñado. Tan sólo me recuerdo preparando la cena en la cocina.
¿Y qué es toda esta sangre?
¿Por qué tengo en mi mano el cuchillo?
¡Háblame amor, muévete, respira! No te vayas con la niebla, no me abandones…¡ Te amo!

Te Vas

por diariodeunpasado @ Martes, 20. Jun, 2006 - 07:40:17

camino13

Y así, sin más, me dices que te vas.
Me lo dices en este amanecer plomizo y brumoso, como de otoño a pesar de ser primavera. Me lo lanzas a bocajarro, mientras el alba se cuela furtiva por la ventana.
Me lo dices con voz baja pero certera y convincente.
Te vas, que ironía, sin tan siquiera soltar mi mano que mantienes, como cada amanecer, fuertemente asida.
Te vas.
No hay motivos, ni razones, ni explicaciones por tu parte.
El suelo se abre bajo mis pies que parece querer tragarme por entre sus gruesas grietas hacia un abismo inimaginable.
No soy capaz de pronunciar palabras. El loco de mi corazón se ha hecho dueño de mi garganta y la oprime como un psicópata al compás de sus latidos. Un agua cristalina comienza a emanar de mis ojos mientras tú te desatas de mi mano y te levantas.
Con movimientos relajados abres el armario (nuestro armario) y comienzas la tarea de sacar tus pertenencias: tu ropa interior; tus jeans gastados y rotos que tantos deseos provocan en mí; el polo de Ralph Lauren que te regalé en tu cumpleaños arañando entre mis ahorros; tu libro favorito de adolescente y que a veces leíamos juntos en la noche…
Mientras te observo hacer se me va desgarrando el alma. Junto con las cosas que te llevas, también te llevas una parte de mí. Te llevas nuestros sentimientos tantas madrugadas compartidos, nuestras promesas de un amor eterno cuando bajo la luna nos bañábamos en la charca, nuestros proyectos de entregarnos el uno al otro incondicionalmente.
Te llevas nuestro pasado, nuestro presente, nuestro futuro.
Me dejas huérfana de sentimientos compartidos, solitaria para regalar caricias, muda para gritar “te amo”
Te vas.
Un pétreo beso en el umbral. Un “adiós, cuídate”. Y el golpe seco de la puerta al cerrarse.
Fuera parece que el día también se siente abandonado y comienza a llover lágrimas finas y tenues. Tal vez lágrimas de amor. O de desamor. O puede que de dolor.
Miro tras la ventana y te veo caminar bajo la lluvia camino del coche. Estoy derrotada y una pena atroz me atraviesa el alma. Siento un impulso irrefrenable de gritar “¡no te vayas, no me dejes, vuelve!” Sin embargo y sin saber porque motivo me doy la vuelta y apoyo mi espalda en el frío y húmedo cristal. Y ningún sonido sale de mi boca ni ninguna súplica de mi corazón.
Te dejo ir.
El amor, como tantas veces nos dijimos, es libre e incondicional.

El Cristal De La Inocencia

por diariodeunpasado @ Jueves, 15. Jun, 2006 - 07:42:34

cielo azul-amarillo

Mis ojos infantiles disfrutaban mirando el límpido cielo del amanecer. Sentía que se me ensanchaba el alma contemplando ese azul pastel que lucía impertérrito en las frescas mañanas de mayo.
Muy de temprano ya iba camino del colegio. Contenta, feliz, eufórica ante la visión del nuevo día que tenía todavía por delante. El tableado de mi uniforme de colegiala se balanceaba al ritmo de mis saltarines pasos. Mi pelo ensortijado recogido en una alta cola de caballo peinada por las manos de mi madre. Mi camisa inmaculada lucía prendida en el pecho una medallita de la Virgen Milagrosa. En una mano llevaba la maleta (libros, cuadernos, estuche de lápices y un vaso de aros transparentes, plegable, que se cerraba formando una cajita, para beber durante el recreo), y en la otra un ramo de flores recién cortadas de casa para ofrecer a la Virgen.
El mes de Mayo es el mes de la Virgen María.
Todos los días al llegar al colegio hacíamos la ofrenda de flores en la Capilla a la Virgen Milagrosa mientras entonábamos la Salve.
Mis flores eran humildes (gitanillas, geranios, flor de la china…), las propias de un patio andaluz (otras niñas más pudientes llevaban rosas o azucenas compradas), pero yo me sentía muy feliz con mi ofrenda porque según decían las monjas, a la Virgen no le importaba el tipo de flor que se le ofreciese, sino la humildad y el cariño y la fe con el que se les ofrecía.
Y yo creía todo lo que decían las monjas al pie de la letra.
Por eso me sentía tan feliz cuando caminaba hacia el colegio y por eso me llenaba hasta romperme el alma del azul del cielo, porque entonces no cabía en mí un mañana sombrío, porque también decían las monjas que la Virgen estaría siempre al lado de quién creía en ella y la amaba, para protegerle, que no había que tener ningún temor ante nada si se tenía la fe, que si se amaba a la Virgen se sería siempre feliz.
Y yo amaba a la Virgen Milagrosa, confiaba en Ella y tenía mucha Fe.
Y era muy feliz.
Seguramente a las monjas se les olvidó decir que no todos los cristales de nuestra vida son transparentes, que hay algunos que se opacan y se ajan, y que a veces llegan a destrozar nuestra existencia; que tus flores no condicionan tu futuro, que tus rezos no siempre llegan a buen puerto, que la fe, en la mayoría de los casos, no es más que una justificación a un deseo imperativo, que la Virgen tal vez esté muchas veces ocupada para hacerse cargo de todo lo que a ti se refiere y no te oiga…
Seguramente se les olvidó decir todo esto.
Seguramente se les olvidó decir que llega un día en que la fe se pierde, la felicidad es inalcanzable y la Virgen deja de existir.

Cuando Muere El Amor

por diariodeunpasado @ Martes, 13. Jun, 2006 - 07:37:55

camino del W

En esta mañana que despertó cargada de la eléctricidad de las tormentas, plagada de aire húmedo de lluvia, impregnada de olor a tierra mojada....

En esta mañana me pregunto dónde irán todos los sentimientos tanto tiempo venerados cuando el amor se va.

Dónde descansan, dónde dormitan, dónde habitan.

Acaso tal vez queden retenidos en nuestro subconsciente para seguir haciendonos, en lo más recóndito de nosotros mismos, vibrar con su olvidado recuerdo.

O acaso, reposen en un cementerio ahíto de sensaciones fluctuantes de abandonos, rechazos, traiciones..... Lo último que se vive cuando el amor se muere.

camino cortado grises

Como Las Gaviotas

por diariodeunpasado @ Domingo, 11. Jun, 2006 - 20:46:45

gaviota

…..Y volar, como las gaviotas en el mar; sobre las límpidas aguas rizadas por el viento; sobre las crestas de sus olas que semejan encajes en la rompiente; salpicarme con las gotas que brotan revoltosas de su superficie; mojar mis alas con su suave tibieza….

…..Y posarme, como las gaviotas, en las velas de intrépidos barcos; disfrutar de la brisa en mi cuerpo; reflejar en mis ojos el azul intenso del cielo; alearme con el sol con su templada embriaguez y graznar al horizonte….

…..Y elevar, como las gaviotas, mi vuelo hacia el infinito sobre la salina superficie de las aguas, bajo el terciopelo del crepúsculo a donde el aire me guíe….

velero

…..Y tú, como el mar en la gaviota, siempre a mi lado.

Cruzar El Estrecho

por diariodeunpasado @ Viernes, 09. Jun, 2006 - 08:34:00

El día amaneció con una ligera bruma de fondo. Aún así, en la lejanía, se divisaban las siluetas de barcos fondeando a la pesca del atún y en el horizonte, un tímido sol hacía esfuerzos por despuntar.
Era el día.
Casi no podía creer que tanta fortuna hubiese sido designada para él. Tanto que soñó, tanto que planeó, tanto que ahorró, tanto que se ilusionó con éste viaje sin seguridad….Pero él lo arriesgó todo. O todo o nada. Y se quedaba con el Todo: Un mundo mejor para sus hijos, un lugar para su esposa, una ayuda económica para sus ancianos padres…. Ya contaba 23 años y se consideraba viejo por no tener aún un futuro definido. Dónde vivía no había futuro para él. Ni para él ni para nadie. Dónde vivía todo era aridez y desertización, sin agua ni recursos siquiera para sobrevivir día a día. Por eso decidió que lo mejor era cruzar el Estrecho y buscar una vida mejor para los suyos.

A la voz de “arriba” se pusieron en marcha. El y los otros 16 aventureros que le acompañaban. Junto con él formaban 17, entre ellos 7 mujeres (tres de las cuales embarazadas de distinto tiempo de gestación) Mujeres que habían tomado la decisión (arriesgada valentía) de dar lo mejor a sus futuros hijos. Todos habían pagado una importante suma de dinero para poner en marcha tan atrevida aventura. Pero todo era justificable por una nueva vida en el edén.

No había timonel. Era una barcaza (patera) vieja y ajada pintada de verde, con un pequeñito motor en una de sus partes. No había asientos ni bancos dónde sentarse por lo que una vez dentro todos tuvieron que acomodarse en el suelo. A él le tocó un sitio más cerca del mar. Si alargaba la mano podía tocar el agua casi tan desconocida para él. Sin embargo, y de acuerdo a sus buenas costumbres le cedió el sitio (por otro más interior) a una de las mujeres embarazadas que comenzaba a marearse. Así lo educaron y así se comportaba.

Su corazón saltaba de gozo, de regocijo, de felicidad…. Miraba al horizonte y distinguía claramente la continua línea de costa que sería su destino final. Tan sólo 10 km. Lo separaban de lo que él consideraba el paraíso. Una vez en las costas de Tarifa todo le vendría servido en bandeja. Primero y tras una larga caminata llegaría a la capital, donde se instalaría para dormir en cualquier sitio (decían otros que lo habían conseguido, que había muchos) y luego se las arreglaría vendiendo pañuelos de papel en los semáforos. “la gente ayuda “ decían “sienten compasión”. Luego, y con un poco de suerte conocería a algún camarada que le proporcionaría los trámites necesarios para conseguir un trabajo y así la legalidad. Y por último se traería a los suyos…. Realmente no se cansaba de dar gracias por su fortuna.
A lo lejos, en el horizonte, la línea de costa se fue difuminando sutilmente hasta perderse por completo. Comenzaron a formarse nubarrones negros, y también a lo lejos, las olas semejaban elaborados encajes de sábanas blancas. Hubo un momento en que le pareció que la barcaza no avanzaba. Pensó que tal vez las poderosas manos del dios del mar la sujetaba desde el fondo. Preguntó pero le contestaron que “todo iba bien”.
No quiso darle importancia pero la cara del que manejaba la barca lo hizo ponerse en guardia. Sintió miedo. Comenzó a soplar un fuerte viento. Viento de Levante que allí lo llaman., y la embarcación, más que avanzar giraba sobre sí misma a la deriva.
Las inmisericordes olas se hacían cada vez más altas, y a cada golpetazo contra la patera, los sumergía a todos en un desenfrenado vaivén de salubridad.
De repente los miedos, los lamentos, los gritos apagados, los susurros de las oraciones….
Perdió la noción del tiempo y todo pasaba ante él como un torbellino de irrealidad. Vómitos, orines, excrementos...Sabor a agua salada que los empapaba hasta la cintura. El motor comenzó a toser con un asma pegajoso. Se ahogó y no hubo manera de ponerlo en marcha. Una voz muy lejana en su interior le pregunto si todo estaba perdido.
Y luego el frío. La noche trajo consigo el frío y la humedad. Todos apretados unos contra otros para darse calor, para quitarse la humedad que imposible de quitar y para darse unos ánimos de los que ni ellos mismos eran consecuentes. La embarcación se balanceaba como una cáscara de nuez en mitad de un mar cada vez más bravío, más furioso. Tal parecía que quería arrastrarlos consigo a lo más profundo. Y casi lo consigue. En uno de los golpes de ola fueron volcados inmisericordes quedando a voluntad de las aguas
Jamás en sus vidas habían visto el mar. El no sabía nadar. La mayoría no sabía nadar. No había salvavidas para todos. No había salvavidas para él.
Un torbellino de agua lo arrastró hacia abajo. Tomó impulso y logró salir a la superficie. Oía llantos y lamentos, algunos ya más lejanos a medida que el agua distanciaba los cuerpos. Se hundía. Una bocanada de sal llenó su boca. Arcadas tan sólo para tragar más agua. Agua salada y metálica que poco a poco se iba alojando en sus pulmones. Se sentía sin fuerzas, con los miembros entumecidos por el frío. La temperatura de su cuerpo descendió y un dolor punzante recorrió cuerpo. Más agua en sus pulmones. En uno de sus intentos por salir a flote divisó luces en la lejanía, luces que se acercaban lentamente… Algunos gritaban pidiendo ayuda, sintiendo cerca la salvación. El no podía gritar. Se hundía…… cerró los ojos y se dejó llevar. Se sintió hundir muy despacio, Ya no había sitio en su cuerpo para más agua. Por unos instantes soñó que lo rescataban, que lo devolvían a la superficie y a la vez le daban vida… Pero era sólo un sueño.
Fue arrastrado hacia las profundidades.
Cuando llegó el rescate tan sólo encontraron cinco supervivientes, entre ellos una mujer embarazada.
El resto los devolvería el mar algún día.

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El estrecho de Gibraltar que separa Europa de África mide poco más de 10 kilómetros.
El Estrecho de Gibraltar es un lugar en el que las condiciones meteorológicas son absolutamente particulares, durante decenas de millas. El relieve canaliza el viento que puede adoptar dos direcciones distintas: Oeste y Este; es decir, viento portante o el contrario. Acelera brutalmente y llega a alcanzar hasta 40 y 50 nudos cerca del peñón. Sin embargo, 20 millas antes o 20 millas después, puede ser flojo o nulo. El paso por el Estrecho no es especialmente estratégico pero las tripulaciones deberán anticiparse a los bruscos cambios de viento para no perder tiempo.
andalucia-espana
gibraltar
El estrecho de Gibraltar es una barrera natural entre dos países: España y Marruecos; entre dos continentes: Europa y África; entre dos mares: el mar Mediterráneo y el Océano Atlántico; entre dos religiones: la cristiana y la musulmana; entre dos culturas: la occidental y la oriental. Incluso geológicamente, el estrecho representa la fisura de las dos placas tectónicas: la placa de Eurasia y la placa Africana. La profundidad en medio del estrecho es de 1.400 metros. En ningún sitio en el mundo existen tantos contrastes en una distancia tan corta.

Mi sobrina Pilar.

por diariodeunpasado @ Jueves, 08. Jun, 2006 - 09:19:06

muñeca rota

Mi sobrina Pilar tiene 11 años, un cuerpo delgado y atlético y rostro de princesa Disney.

Mi sobrina pilar raya la hiperactividad, rebosa dulzura y la sonrisa siempre está en sus labios.

Mi sobrina Pilar es una niña que nació prematura con un peso de 1.150 kg. y salió adelante.

Mi sobrina Pilar no tiene hermanos. Lo tuvo. Hace ya casi un año que dejó de tenerlo cuando una tarde se lo arrebató para siempre la carretera.

Desde entonces mi sobrina Pilar se siente triste aunque no lo demuestre, y pregunta sin preguntar que razones hay para que le quitaran la vida a los 16 años.

Mi sobrina Pilar no obtiene nunca respuesta.

Y a veces, si la observo a escondidas mientras juega con mi hija, veo resbalar por su mejilla una fúrtiva lágrima.

Su Confusión

por diariodeunpasado @ Lunes, 05. Jun, 2006 - 20:32:49

arbol

¡Cómo le dolía! Mucho. Atrozmente. Allí en el pecho, o peor aún, en el alma; como si alguna mano traidora se la hiciese jirones.
Se pregunta qué le pasa, si es normal eso que siente, algo que la atosiga, que la penetra, que la hiere pero que a la vez le agrada. No acierta a comprenderse. Tan sólo se preguntar ¿qué es? ¿Por qué me pasa?
Y ¿qué es lo que se puedo responder?: Que le da miedo. Siente mucho miedo mirar dentro de sí y descubrirme a si misma una verdad que empieza (en realidad desde el primes instante) a vislumbrar. Le da miedo por el daño que puede causar, por lo que puede llegar a herir, pero sobre todo porque sabe que es imposible. Totalmente imposible.
Y sufre y a la vez se recrea en el sufrimiento. Es consciente de que le gusta más que sea de noche que de día, que sus sentimientos están más a flor de piel si llueve, y que la horas, cuando está a su lado se le antojan fracciones de segundos, como parpadeos de estrellas; tan cortas... Cuando se viene a dar cuenta ya ha pasado el tiempo; ya ha pasado todo y de nuevo de vuelta a la rutina. Más sin embargo sigue aún reinando en ella esa fuerza que emana de su yo más profundo. Entonces lo ve todo más y claro y un nuevo sentimiento cae sobre ella como jarro de agua fría: La Tristeza.
La envuelve de nuevo esa tristeza aguda y cortante, esa incertidumbre, esa angustia de esperar tanto y tanto para poder ver por fin el sol nuevamente, que dura escasamente unos minutos. Tan cortos, tan cortos….
Tiene pánico de que llegue el momento definitivo porque eso significa romper para siempre con todo.

lagrima

Y ella no quiere que llegue ese momento.

Ella no quiere que todo acabe.

Ella sabe que lo que está empezando a nacer dentro de ella es sencillamente Amor.

Desde El Vacío

por diariodeunpasado @ Jueves, 01. Jun, 2006 - 20:49:26

m3

A medida que pasa el “no tiempo” me siento cada vez más desconcertado.
Ahora es todo tan distinto…. No podría decir si mejor ni peor porque aún no terminé de asentarme en esta nueva situación. Ando como a horcajadas entre dos límites y todo eso me confunde, aunque bien es verdad que habita en mí una serenidad nunca antes experimentada, que en parte palia mi confusión. Pero que no me da la felicidad.
Soy consciente de que mis recuerdos de cómo llegué aquí se han esfumado como por arte de magia, tal y cómo si una mano invisible los hubiese borrado de mi me memoria, más sin embargo revolotean en derredor retazos de momentos, de instantes que como flashes incandescentes se cuelan por entre las rendijas de mi adormilada memoria.
Y esos flashes me incitan a preguntarme que hago aquí, como he llegado a este sitio, que es toda esta irrealidad que me rodea.
Yo, al igual que tú, también estoy confuso. Me siento un poco perdido a pesar de que un extraño sentido me asegura que esto es solo una preparación para el siguiente paso, el definitivo en mi existencia. Mientras tanto, me siento solo.
Ante mí vislumbro una inmensidad desbordante de euforia a la que ansío llegar. Pero aún no es mi momento.
Tras de mí siento todas esas voces que me llaman, que me preguntan, que me lloran…. Y te siento a ti especialmente. Ya ves que son tan fuertes tus emociones que me llegan y penetran en esta energía en la que ahora me he convertido. Me llega tu dolor y lo hago mío para aligerar tu pena, más sin embargo me siento vencido porque no soy capaz de llegar hasta ti y de comunicarme contigo para decirte cuanto os extraño a todos y cuanto extraño vuestra presencia.
Yo aún no estoy capacitado para comprender el porqué de estas cosas. Tal vez algún día descubra porque mi vida quedo inconclusa aquella tarde y porque quedaron rotas todas mis ilusiones. De momento vago entre dos etapas y me siento solo y perdido pero con la esperanza de algo mejor.
Solamente tengo la certeza de una cosa: De que la vida que antes tenía ha desaparecido para siempre, y aunque quisiera responder a todas tus dudas, que llegan a mí como hirientes dardos, no puedo complacerte ni hacer brillar de nuevo tu luz porque ni siquiera yo veo la mía.
No puedo decirte que soy feliz porque no lo soy; ni que descanso en paz porque vago errantemente.
Es todo tan distinto de lo que siempre hemos imaginado en forma mortal…
Tal vez sin embargo, algún día……


 
 

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